La desaparición de Blanche Monnier duró tanto tiempo que en Poitiers ya casi se habían olvidado de su ausencia. Algunos decían que se había ido a Inglaterra. Otros, que se había casado y arrancado una nueva vida lejos de Francia.
La madre incluso lloraba frente a vecinos diciendo cuánto extrañaba a su hija, mientras Blanche seguía arriba de sus cabezas, encerrada en un ático desde hacía años.
La familia Monnier era una de las más importantes de la ciudad. Burgueses, religiosos, conservadores y bastante obsesionados con el apellido. Vivían en una casa enorme, con jardines, servicio doméstico y toda esa estética elegante de familia respetable que se cae bastante rápido cuando mirás un poco más de cerca.
Blanche nació en 1849 y creció rodeada de privilegios. Era considerada una chica hermosa y tenía muchísimos pretendientes, pero terminó enamorándose de uno que claramente no encajaba en las expectativas familiares.
Víctor Calmeil era abogado, protestante, republicano y además no tenía demasiado dinero. O sea, todo mal para una familia burguesa y monárquica como los Monnier. Igual Blanche siguió viéndose con él a escondidas. Poitiers era una ciudad chica y ella se escapaba cada tanto para encontrarse con Víctor sin que la familia se enterara.
El problema empezó cuando quisieron casarse
La madre reaccionó encerrándola en un altillo para que recapacitara. En teoría iban a ser unos días, el tiempo suficiente para que se olvidara de Víctor y dejara de insistir con el casamiento. Pero los días se transformaron en meses y después años, hasta que ya no había manera de explicar por qué tenían a una mujer viviendo encerrada arriba de la casa.
Mientras Blanche seguía encerrada, abajo la vida continuaba normal. Había empleados entrando y saliendo, visitas, cenas y conversaciones de salón. La madre seguía haciendo vida social mientras su hija pasaba los días encerrada en la oscuridad, olor a humedad y rastros de comida.
Los Monnier inventaban cualquier excusa cuando preguntaban por Blanche. Que estaba de viaje. Que se había ido a Escocia. Que se había casado y abandonado Francia. Lo más enfermizo es que incluso fingían sufrir por su desaparición. Lloraban diciendo que la extrañaban mientras Blanche seguía viva ahí arriba.
Víctor pasó años buscándola. Iba a preguntar por ella a la casa de los Monnier sin saber que ella seguía encerrada adentro. Golpeaba la puerta de la casa donde su prometida llevaba años viviendo aislada. Murió sin enterarse qué le había pasado realmente.
Con el tiempo, el cuerpo de Blanche empezó a destruirse por completo. La habitación tenía las ventanas tapadas y estaba cerrada prácticamente todo el tiempo. Dejó de caminar, adelgazó de forma extrema y empezó a sufrir alucinaciones. También desarrolló coprofilia, una parafilia relacionada con los excrementos, después de pasar décadas viviendo en suciedad y abandono.
Pasaba los días en un espacio oscuro, sin ventilación y lleno de basura. Había restos de comida, insectos, ratas, gusanos y sus propios desechos acumulados alrededor de la cama. El servicio doméstico le llevaba comida de vez en cuando, pero incluso quienes trabajaban ahí terminaron siendo cómplices del encierro.
El hermano de Blanche, Marcel, también sabía todo. A veces discutía con la madre y le decía que tenían que sacar a Blanche del ático, pero claramente no hizo demasiado. Para ese punto ya habían pasado tantos años que liberar a Blanche implicaba admitir que llevaban décadas escondiendo a una mujer encerrada arriba de la casa. Y la reputación seguía importándoles más.
Blanche entró a esa habitación con 27 años y salió con 51. Básicamente desperdició media vida ahí arriba.
Todo salió a la luz a comienzos del siglo XX por una carta anónima. Una empleada nueva descubrió el secreto y se lo contó a su amante, que terminó denunciando la situación al fiscal. La carta describía a una mujer encerrada desde hacía décadas viviendo en condiciones inhumanas dentro de la casa de los Monnier.
Al principio la policía no podía creerlo. Los Monnier eran una familia demasiado importante para protagonizar una historia así. Pero fueron igual a investigar. El servicio intentó impedirles el paso diciendo que la madre estaba enferma y que no era un buen momento, pero finalmente entraron a la casa.
Todo parecía normal hasta que llegaron al altillo
La puerta estaba cerrada con una cadena gruesa y un candado. Y antes incluso de ver a Blanche apareció el olor. Un olor tan fuerte que los policías quedaron impactados apenas abrieron la habitación.
Después la encontraron acostada sobre un colchón podrido, desnuda y completamente irreconocible. Pesaba poco más de 25 kilos. Tenía el pelo larguísimo y enredado hasta los tobillos, las uñas deformadas como garras y el cuerpo desnutrido por décadas de abandono. Además seguía atada a la cama.
El caso explotó en toda Francia y la reputación que la familia había intentado proteger durante años quedó destruida igual. La madre intentó defenderse diciendo que Blanche «no quería salir» de la habitación. Claro, porque la cadena y el candado estaban ahí de decoración.
La mujer murió dos semanas después del arresto tras sufrir un infarto en prisión. Marcel recibió una condena menor pese a haber sabido durante años lo que pasaba arriba de su propia casa.
A Blanche la trasladaron primero a un hospital y después al psiquiátrico. Cuando la rescataron pesaba poco más de 20 kilos y ni siquiera podía mantenerse de pie. Nunca logró recuperarse del todo y murió en 1913, internada en una institución psiquiátrica.





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