La actividad industrial completó el primer trimestre del año con un balance negativo, y acumuló una baja de 2,7% en comparación con el mismo período del año anterior, según un informe que presentó el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina.
Sin embargo, los datos de marzo encendieron una luz de esperanza en el sector manufacturero. Siempre según las estimaciones de la UIA, basadas en el consumo de energía eléctrica y consultas entre distintas industrias, el tercer mes del año registró un crecimiento interanual del 3,6% y una recuperación del 5% respecto a febrero.
A pesar del optimismo que generan las cifras de marzo, el informe técnico advierte que este crecimiento responde, en gran medida, a un «bajo nivel de comparación». La industria todavía transita un terreno pantanoso: tanto a nivel agregado como sectorial, el desempeño se mantiene cerca de un 10% por debajo de los niveles registrados durante 2022 y 2023.
El inicio de 2025 (y su proyección a 2026) muestra una recuperación dispar. Si bien el rebote de marzo es significativo, el acumulado del primer bimestre ya arrastraba una inercia negativa que condicionó el resultado trimestral.
El escenario al interior de las fábricas es de una profunda heterogeneidad. La crisis golpeó con especial dureza a 14 de los 16 sectores que componen el índice.
Entre los sectores más castigados aparecen la producción de productos textiles, que lidera las caídas con un derrumbe del 33,2%, seguida de cerca por maquinaria y equipo (29,4%) y vehículos automotores (24,6%), este último afectado por una merma considerable en las exportaciones. El consumo masivo también sufrió el impacto, con bajas en alimentos y bebidas (6,9%) y en la industria del cuero y calzado.
En la vereda opuesta, la refinación de petróleo aparece como uno de los grandes ganadores, con un salto del 20%, apuntalado por el dinamismo de Vaca Muerta. También registraron datos positivos el sector de sustancias y productos químicos (3,7%), gracias a la performance de la industria farmacéutica y de limpieza, y aquellos rubros vinculados a la molienda de oleaginosas tras la recuperación de la cosecha.
Desde el entorno del Gobierno vienen destacando que el nivel de actividad pegará comenzará una senda ascendente. Así lo manifestaron sobre todo funcionarios de Economía (entre ellos el ministro de Economía, Luis Caputo). Destacaron que «la industria está atravesando un proceso necesario de adaptación a un esquema de mayor competencia y apertura».
El Gobierno entiende que la reactivación de marzo es el primer indicio de que «el ordenamiento de las variables macroeconómicas comienza a impactar en la producción real». No obstante, reconocen que la baja en la obra pública condicionó sectores clave como el siderúrgico y los insumos para la construcción, pero confían en que el impulso exportador de la energía y el agro logren compensar la balanza en los próximos meses.
El gran desafío para el segundo trimestre será consolidar la suba de marzo y evitar que la desaceleración observada en sectores como el automotriz se profundice, en un contexto donde la demanda interna aún busca su punto de equilibrio frente a la competencia de productos importados.









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