La hazaña silenciosa de Marcel Marceau

Ni las grandes gestas, ni los acontecimientos cruciales de la Historia serían posibles sin ellos. Seres sin nada que ganar y mucho que perder, que la mayor parte de las veces quedan sepultados en el olvido. Héroes anónimos, ni más ni menos. Él podría haber sido uno de ellos, pero tenía reservado otro destino. Oriundo de Estrasburgo, de origen judío y de apellido Mangel, debió cambiarlo a Marceau cuando los nazis ocuparon Francia. Con ese apellido, muchos años más tarde, lo conocería el mundo.

El joven Marcel se trasladó a Lyon junto a su hermano; su padre, carnicero kosher, fue capturado y enviado a Auschwitz, donde murió. Lyon era por entonces dominio del sanguinario Klaus Barbie. En las filas de la Resistencia, los hermanos Marceau primero se dedicaron a falsificar documentos para que judíos pudieran salir del país o disimularan su identidad con nombres falsos. Después, debieron reubicar a huérfanos, desafiando las redadas de Barbie, que no quería dejar escapar a los hijos de sus víctimas.

Marcel y Alain Marceau urdieron un plan para sacar del país a chicos judíos y llevarlos a Suiza, un país neutral, atravesando los Alpes a pie. Era muy peligroso desde todo punto de vista. Organizados en grupos de 20 ó 30, vestidos como boy scouts, había que alcanzar un logro no menor: que se mantuvieran en silencio absoluto durante toda la travesía; el menor sonido podría delatarlos y conducirlos a la muerte. Ese milagro también lo consiguió Marcel: dueño de un arte que dominó como nadie y que lo consagraría más tarde en el mundo entero, les enseñó a los chicos a comunicarse en silencio, “jugando a que nadie hablara, ni yo ni ellos”.

El arrojo y el heroísmo con que puso a salvo a al menos 350 chicos le valieron, entre otras distinciones, la Legión de Honor francesa. Pacifista y ya consagrado, el hombre que definía su arte de mimo como el de “hacer visible lo invisible e invisible lo visible”, habló muy poco sobre su hazaña. Quizá porque, como dijo una vez, “en un mundo donde todos hablan como metralleta, yo sólo doy gritos de silencio”.

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