“La gente como yo está en peligro de extinción. Acá hay mucha calidad de vida y pocas oportunidades”

Todas las mañanas Paco, de 70 años, abre la puerta de su casa en una pequeña aldea de Santiago-Pontones con una certeza contundente: no se cruzará con otro lugareño como él.

La verdad es irrefutable porque en este refugio a 1.200 metros de altura ubicado en el municipio español situado en la parte suroriental de la comarca de Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, él es único habitante permanente.

Alrededor de su vivienda hay otras 14 casas que con el tiempo quedaron desocupadas. En los tiempos de gloria, en cambio, el pueblo contaba con escuela, tienda y más servicios esenciales. También existía un horno de leña que servía como punto de encuentro. Hoy está abandonado, rodeado de escombros y maleza.

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Sucedió que, cuando el trabajo comenzó a escasear, los residentes habituales emigraron a Cataluña o Valencia.

Así fue como Paco asumió prácticamente todas las funciones necesarias para mantener vivo el lugar. “Sos el alcalde, el policía, el de mantenimiento. ¿El pueblo es tuyo?”, le preguntó un periodista del programa Comando Actualidad, tal como replicó el sitio As. Ante lo cual, Paco solo asintió.

¿Por qué Paco sigue aferrado a vivir ahí? Como cuenta en la nota de Comando Actualidad y replicó el sitio As, el hombre nació ahí y ama profundamente el lugar.

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“Me gusta mucho la naturaleza. Eso es lo que viví siempre”, explicó cuando le preguntan por qué decidió quedarse.

A pesar de eso, admite que debe sortear muchísimas dificultades. Especialmente en invierno, cuando las temperaturas pueden acercarse a los 20 grados bajo cero y las grandes nevadas dejan la zona incomunicada por largas semanas.

“¿No tenés miedo de que te pase algo y nadie se entere?”, le preguntaron en la entrevista. Ante lo cual, admitió el temor, pero agregó que no le resultaba suficiente para dejar su lugar.

Por otro lado, en verano, cuando el clima es agradable y se puede disfrutar del aire libre, algunos residentes vuelven a sus pagos originarios.

Además, en la aldea contigua quedan siete vecinos. Cuando se encuentran, aprovechan para ponerse al día de los asuntos cotidianos como el campo o la ganadería. “Aquí hay mucha calidad de vida pero muy pocas oportunidades”, resumió su vecino.

Como cuenta el sitio Escapada Rural, en España, los cambios productivos y sociológicos llevaron a que muchos pueblos perdieran en las últimas décadas parte de su población o quedaran totalmente abandonados. Según un relevamiento de la revista Forbes de hace algunos años, hay en ese país más de 3.000 pueblos deshabitados.

Sin embargo, tras la pandemia y por el déficit de viviendas que existe en las grandes ciudades, hubo personas eligieron volver a esas zonas. El teletrabajo, si en el lugar existe una buena conexión a Internet, es un punto que ayuda a este revival.

Una caso de esta tendencia es el de Arenillas, un pueblo de apenas 40 habitantes ubicado en la comunidad autónoma de Castilla y León, que hace unos meses lanzó una convocatoria que incluía casa gratis y trabajo asegurado.

Fuente

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Municipalidad de Sunchales