la despedida de los hinchas a la Scaloneta

Una imagen habla más que mil palabras. Y la que dejaron los hinchas argentinos junto a la Scaloneta, en plena premiación y todavía con el dolor fresco de la derrota ante España, fue impactante.

Esta vez no era por una victoria, como había ocurrido en los siete partidos anteriores de este Mundial. Tampoco era la celebración de una nueva vuelta olímpica. Era una muestra de identificación con un equipo que marcó el ciclo más exitoso de la historia de la Selección y que, con el paso del tiempo, también hará valorar esta medalla de plata conseguida en la Copa del Mundo más larga y exigente de todos los tiempos.

Una vez que recibieron las medallas, los jugadores argentinos caminaron desde la mitad de la cancha hasta el área del arco donde Giuliano Simeone había fallado una de las pocas oportunidades del cierre del tiempo suplementario. Fueron juntos, lentamente, todavía tratando de procesar una final que se les escapó de las manos.

Allí se quedaron parados, contemplando una coreografía unísona de los hinchas. Miles de argentinos se sacaron sus camisetas y comenzaron a revolearlas por encima de sus cabezas. Cantaron, aplaudieron y agradecieron las alegrías de los últimos ocho años. Los futbolistas, desde el césped, devolvieron cada gesto. Algunos levantaron los brazos, otros aplaudieron y varios no pudieron contener las lágrimas.

Porque lo que contagió este equipo fue mucho más que fútbol. Fue una forma de competir, de levantarse constantemente y de enfrentar las adversidades. Esta demostración de afecto y reconocimiento terminó de quebrar a Lionel Messi, que hasta ese momento se había mostrado bastante entero pese a la derrota.

El capitán miró hacia la tribuna, aplaudió y ya no pudo esconder la emoción. No era solamente el dolor por la final perdida. También era la dimensión de lo vivido, la respuesta de una gente que decidió acompañar incluso cuando no había una copa para levantar.

Lo más impactante fue que toda esa secuencia se produjo mientras España recibía las medallas de campeón y levantaba el trofeo. Sin embargo, durante esos minutos, los que parecían festejar no eran los que estaban vestidos de rojo en la tribuna, sino los argentinos que, muchos de ellos encuerados, le dieron a la Scaloneta una despedida a la altura de todo lo que había generado dentro de la cancha.

Era una celebración extraña, atravesada por la tristeza. La aceptación de una derrota dolorosa y, al mismo tiempo, el reconocimiento a una generación que acostumbró a los hinchas a disputar finales. Un equipo que volvió a poner a la Argentina en lo más alto y que llegó hasta el último partido del Mundial para defender su corona.

Tras recibir la Copa, España inició su celebración. Los jugadores argentinos, en cambio, se retiraron ovacionados y bajo una lluvia de aplausos. No pudieron marcharse con el trofeo, pero tampoco se fueron solos.

La última imagen de la Scaloneta en el Mundial no fue la de la derrota. Fue la de un equipo parado frente a su gente, agradeciendo y siendo agradecido. La confirmación de que, incluso en la noche más triste, el vínculo que construyó durante todos estos años permanece intacto.



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