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Estoy un poco mayor para sentir presión

En la semana que lo nominaron para ganar por primera vez el Balón de Oro, Kylian Mbappé hizo lo que se esperaba: marcó dos goles, lideró el triunfo y fue determinante para que el Real Madrid derrotara 4-1 al Rayo Vallecano. Sin embargo, en el Santiago Bernabéu el resultado no alcanzó para tapar todas las dudas. Porque detrás de la goleada volvió a asomar un equipo irregular, capaz de brillar durante media hora y desaparecer durante buena parte del encuentro. Por eso, cuando el árbitro marcó el final, junto a los aplausos también se escucharon silbidos.

Y esa es quizás la noticia más importante en Madrid hoy. No tanto que el equipo de José Mourinho haya sumado otros tres puntos, sino que la relación entre el plantel y su público sigue transitando una zona incómoda. El Bernabéu ya había mostrado su descontento tras la derrota frente al Betis y tampoco había quedado conforme después del triunfo ante Inter por la Champions League. Esta vez, ni siquiera una victoria por tres goles de diferencia alcanzó para cambiar definitivamente el clima.

El partido pareció resuelto demasiado rápido. En dos minutos, el Real Madrid encontró los errores que necesitaba para encaminar la noche. Primero apareció Mbappé para convertir de penal y abrir el marcador. Después, un fallo defensivo del francés Florian Lejeune terminó con una combinación entre Vinícius, el propio Mbappé y Álvaro Carreras para el 2-0.

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A partir de ahí todo parecía preparado para una fiesta. Más aún cuando Jude Bellingham marcó el tercero tras una buena jugada construida entre Carreras y Vinícius. El brasileño, uno de los futbolistas más cuestionados por los hinchas en las últimas semanas, pasó de escuchar murmullos a recibir una ovación. El Bernabéu cantó, celebró y pareció reconciliarse con un equipo que venía siendo observado con lupa.

Pero el problema del Madrid esta temporada no es ganar partidos. El problema es sostener el nivel.

El conjunto de Mourinho volvió a mostrar las lagunas futbolísticas que preocupan a sus hinchas. Bajó la intensidad, perdió el control y permitió que el Rayo Vallecano creciera. El descuento de Sergio Camello a los pocos minutos del complemento terminó de despertar viejos fantasmas.

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Entonces reapareció la impaciencia. Los silbidos volvieron a bajar desde las tribunas mientras Thibaut Courtois debía intervenir para evitar que el resultado se apretara todavía más. La sensación era extraña: el Madrid ganaba con comodidad en el marcador, pero transmitía inseguridad en el juego.

Recién sobre el final apareció otra vez Mbappé para cerrar la historia. El delantero francés, recientemente nominado entre los candidatos al Balón de Oro, definió un contraataque y selló el 4-1. Fue su doblete y también el gol que evitó que la noche terminara envuelta en un clima todavía más pesado.

Por eso, más que los goles, el foco después del encuentro estuvo en las explicaciones de Mourinho. El portugués eligió hablar de futuro y de una de sus apuestas personales: Yan Diomandé, el extremo de 125 millones de euros que fue titular por primera vez desde su llegada al club.

«Estoy un poco mayor para sentir presión», respondió el veterano estratega cuando le preguntaron si el ingreso del africano se explica en el dinero que se pagó por él.

«Tiene mucho que aprender desde el punto de vista táctico, pero se le ve un potencial increíble», explicó el entrenador. Y enseguida dejó una frase que ayuda a entender por qué insiste con darle minutos pese a la competencia interna que existe en el plantel: «Debo tomar decisiones. Debo evolucionar a Diomandé. De los otros, ya sé qué puedo darles».

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