José Saramago fue uno de los escritores portugueses más reconocidos de la literatura contemporánea. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1998 y, antes de dedicarse por completo a la escritura, trabajó como mecánico, traductor y periodista.
Entre sus obras más famosas figuran Ensayo sobre la ceguera, El evangelio según Jesucristo, La caverna, Las intermitencias de la muerte, Todos los nombres, Memorial del convento, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez y Caín.
A lo largo de su obra, Saramago dejó numerosas reflexiones sobre la sociedad, el paso del tiempo, la condición humana y la forma en que vivimos. Muchas de ellas continúan vigentes y funcionan como una invitación a repensar algunas de nuestras costumbres.
José Saramago, escritor: «Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro»
Una de sus frases más conocidas plantea justamente la importancia de disfrutar el aquí y ahora. «Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro», escribió en La caverna, novela publicada en 2000.
El libro cuenta la historia de Cipriano Algor, un alfarero que ve cómo su trabajo y su forma de vida quedan amenazados por una sociedad cada vez más dominada por el consumo y los grandes centros comerciales.
A partir de su historia, Saramago reflexiona sobre el consumismo, la pérdida de identidad y una sociedad que reemplaza lo real por las apariencias. La novela toma como punto de partida el famoso mito de la caverna de Platón.
Un año después de la publicación del libro, en una entrevista con la revista Semana en marzo de 2001, Saramago profundizó en esta idea: «Estamos perdiendo el presente y no nos damos cuenta de que un futuro mejor es solo una posibilidad. No debemos pensar que cuando lleguemos a ese futuro lo tendremos».
Y cuestionó: «¿Por qué nadie habla de los valores de la edad madura y nadie habla de la vejez?». «Lo que pasa es que ser joven se ha convertido como algo de superstición: ‘hay que mantenerse joven’ y vemos ahora a varios adultos haciendo unas cosas totalmente ridículas para ‘verse joven’», reflexionó.
Con estas palabras, Saramago cuestionaba la costumbre de vivir pensando constantemente en lo que vendrá, como si el presente fuera apenas un paso hacia algo mejor. Para el escritor, el futuro no es una certeza y esperar demasiado puede hacernos perder de vista lo que tenemos en el presente.
Más de 25 años después de la publicación de La caverna, su reflexión sigue vigente. En una época marcada por la anticipación constante, la necesidad de planificar y la sensación de que siempre estamos esperando que llegue algo mejor, la frase de Saramago invita a frenar, tomar conciencia y vivir el presente.










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