En 1987, los líderes tribales de la Reserva Fort Peck, en el noreste de Montana, impulsaron el regreso del bisonte a las tierras de los assiniboine y los sioux. El animal era fundamental para su cultura, espiritualidad y forma de vida.
Dos años después, las tribus compraron más de 100 bisontes de la cercana Reserva Fort Belknap y establecieron una manada en 5800 acres. Con el tiempo, el programa incorporó un objetivo económico debido al creciente costo de gestionar una gran población en libertad.
Por ese motivo, Fort Peck comenzó a autorizar a cazadores externos a ingresar a la reserva para cazar bisontes a cambio de una tarifa. Las cacerías generaron ingresos, pero también provocaron una preocupación entre los ancianos tribales: consideraban que la iniciativa se estaba alejando del propósito original con el que había sido creada.
Según el Centro de Investigación sobre Propiedad y Medio Ambiente, Robert Magnan, quien gestionó el programa durante casi 15 años, explicó que los ancianos advirtieron a los responsables que
El problema, aclararon, no era la caza en sí misma. Para las tribus continúa siendo una parte importante de su relación con el animal, pero cuestionaban que personas ajenas a la comunidad pudieran cazar la manada pagando por el permiso.
Fort Peck decidió entonces terminar con la caza comercial y reemplazarla por una lotería cultural destinada a los miembros de las tribus. El sistema entrega una cantidad limitada de permisos cada año y la demanda supera ampliamente la oferta: el año pasado fueron alrededor de 50.
El programa tuvo además un segundo capítulo con la llegada de bisontes provenientes del Parque Nacional de Yellowstone. En 2012, Montana transfirió 61 animales certificados como libres de enfermedades a Fort Peck, una decisión que generó una disputa legal con quienes cuestionaban el traslado.
En 2013, la Corte Suprema de Montana falló por unanimidad a favor de las tribus y determinó que la ley invocada por los demandantes no se aplicaba a las tierras de la reserva de la manera que sostenían.
Los animales de Yellowstone se convirtieron luego en una pieza importante del trabajo de conservación de Fort Peck. La reserva desarrolló su capacidad de cuarentena y comenzó a certificar bisontes libres de enfermedades para transferirlos a otras comunidades tribales.
El alcance del programa creció de manera considerable. Actualmente, Fort Peck administra más de 800 bisontes en aproximadamente 33.000 acres y ya distribuyó animales a 27 reservas de 16 estados mediante su Programa de Transferencia para la Conservación del Bisonte.
El año pasado, además, realizó su primera transferencia internacional a Canadá. El objetivo a largo plazo es alcanzar unos 1500 bisontes en 150.000 acres. Más allá de las cifras, los animales volvieron a ocupar un lugar central en la vida de la comunidad. Proporcionan alimento y son utilizados en actividades culturales y educativas.
Así, la decisión de terminar con la caza comercial modificó el sentido del programa: la manada dejó de estar orientada principalmente a clientes externos que buscaban una experiencia de caza paga y volvió a concentrarse en la comunidad cuyos ancianos habían impulsado originalmente el regreso del bisonte.













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