Elecciones PASO 2027: otro atajo para negociar

«Pido lo que no me van a dar para que me den lo que quiero ganar». Esta máxima de vieja política explica el envío al Congreso del proyecto de reforma electoral. El gobierno envía otro proyecto ómnibus que se mete con el Código Electoral en materias tan variadas que pretenden disparar un debate transversal.

Estas operaciones, ya ensayadas en el pasado por el gobierno, buscan:

1) ofrecer a los indecisos la oportunidad de elegir un bando para polarizar;

2) habilitar un producto transable que sirva para el canje de lo que está dispuesto a entregar a cambio de lo que quiere obtener;

3) abrir un debate que desbarate las normas electorales en las que se mueve la oposición y tratar de imponer nuevas rutinas que se adapten al formato de un gobierno arrinconado en su debilidad. Lo demás es pura hojarasca.

Qué le interesa sacar al Gobierno

El proyecto tiene un estandarte luminoso, que es la eliminación de las PASO. Pocos creen que eso tenga votos para lograrse.

Un examen provisorio de los intereses que quiere defender el gobierno en el proyecto y por los que está dispuesto a pagar todo, incluso resignar la abolición de las primarias, revela que hay dos cláusulas clave para el oficialismo:

1) la reforma que permite que en los distritos donde se vota en la misma fecha de las elecciones nacionales, las listas locales se puedan pegar a provinciales y municipales. Es un cambio notable, que consagra el efecto arrastre. Eso ocurriría en distritos en donde se vota en la misma fecha. En las reuniones de Axel Kicillof con su entorno ha dicho que el año que viene volverá a unificar las elecciones provinciales con las nacionales. Es todo un desafío a la industria gráfica, que tendría que inventar una lista que en distrito grandes ya es interminable para incluir además las locales de cada distrito.

2) Que se incluya el tilde de lista completa, es decir que un votante pueda consignar que vota toda la tira sin necesidad de tildar también todas las categorías inferiores.

El peronismo, que hasta ahora parece decidido a rechazar la eliminación de las PASO, negociaría incluirla porque intentó antes imponerla sin suerte. Es un partido de tradición verticalista y le conviene facilitar la oportunidad de votar a todos sus candidatos.

Ficha limpia, anzuelo para gorilas

El otro producto transable es la imposición de «ficha limpia», un condimento antiperonista que quieren los aliados de la UCR, el PRO y otros bloques.

El gobierno ya ha jugueteado con ese proyecto como objeto de transacción. Hace justo un año, en mayo de 2025, el Senado rechazó por un voto la sanción de la ley como venía de Diputados.

Fue por el voto de senadores misioneros cuyo jefe, Carlos Rovira, admitió que lo hicieron por pedido expreso de Javier Milei. La prenda de negociación fue que el peronismo —que entiende que «ficha limpia» es un pertrecho del «lawfare»— no hubiera impedido antes la reelección de Martín Menem como presidente de la cámara de Diputados. Eso ocurrió en diciembre de 2024 cuando el mileísmo frustró la primera votación del proyecto en Diputados, que fue aprobado recién al año siguiente.

Oportunismo Pampa

Este debate disolvente se beneficia de que tanto el peronismo como el no peronismo han apoyado y rechazado las PASO en algún momento de la década en que han tenido vigencia.

En 2015 y 2019 la criticaron en el peronismo e intentaron sacarla del régimen electoral. Ahora el peronismo rechaza la abolición. También Juntos por el Cambio, a través de Macri, fustigó el sistema entre 2015 y 2019. Ahora está también más cerca de apoyarla, aunque con disidencias.

En 2011, cuando debutó la norma para las presidenciales, las PASO sirvieron a un triunfo rotundo de Cristina de Kirchner en primera vuelta —54% de los votos— cuando su partido había perdido las legislativas de 2009.

En 2021 Cambiemos atribuyó su triunfo a un uso ingenioso de las PASO en la provincia de Buenos Aires, que le permitió doblegar al peronismo – cuando había perdido las nacionales del turno anterior. El apoyo y el rechazo han dependido de la oportunidad.

Sin PASO no hay partido de balotaje

Hoy las dos grandes coaliciones del peronismo y del no peronismo no tienen liderazgos definidos con claridad. No es oportuno que esas fuerzas resignen el mecanismo que más les puede servir para resolver sus dilemas. No hacerlo las debilitaría aún más que en 2023, cuando perdieron la oportunidad de poner presidente y dispararon la cláusula del balotaje que lo hizo presidente a Milei.

Si es cierto que en la Argentina el Partido del Balotaje es el que tiene las mejores chances de ganar, el camino para construirlo es con las PASO. Sin PASO no hay partido del balotaje.

Milei es hijo del balotaje, una creación del Raúl Alfonsín para que el peronismo nunca pudiera ganar en segunda vuelta por la sencilla razón de que en la Argentina hay más votos no peronistas que peronistas.

El radicalismo dividido

El gobierno sabe que hay disidencias sobre el asunto en los aliados. Así como el peronismo dice tener los votos para unificarse en el rechazo, aun con el apoyo de los disidentes «federales», en el radicalismo hay diferencias. Recién la semana que viene se reunirá el comité nacional del partido para emitir opinión.

Tampoco a ninguno de los senadores del bloque se le ocurrió adelantarse al anuncio del gobierno de que enviaría el proyecto, para presentar iniciativas propias. El senador Eduardo Vischi tiene un proyecto que las convierte en optativas para los partidos que no tengan disidencia en sus candidaturas.

Esas primarias optativas serían con inscripción previa de los interesados en participar. Es un sistema que se ha aplicado en los Estados Unidos y, más cerca de acá, en Chile. Votan los que se inscriben previamente.

El proyecto de Vischi no llegó a presentarse como del bloque porque hay sectores, como los que reportan al mendocino Alfredo Cornejo, que quieren la abolición del sistema. En el peronismo ya hay proyectos pensados, como el de Jorge Capitanich, que también admite la posibilidad de modificar el sistema de las PASO y convertirlo también en optativo.

Nubosidad variable para sacar algo

El gobierno y la oposición coinciden en que este no es el mejor momento para que el oficialismo se arriesgue en una jugada de fondo. Las partes que dialogan por los pasillos coinciden en que el clima que primó durante las sesiones extraordinarias se ha enrarecido.

En ese lapso el gobierno logró aprobar leyes tan importantes como la reforma laboral o glaciares. El clima de opinión en el verano era que todos querían subirse al colectivo del gobierno que había mejorado su representación en las elecciones de octubre.

Este otoño ofrece un panorama más escéptico; ganan quienes se preguntan a dónde lleva este colectivo y si tiene nafta para llegar a la tierra prometida. No es porque lo digan las encuestas, que sacan turno para castigar al gobierno. Se trata de que los políticos les creen a las encuestas, casi unánimes sobre la caída de prestigio del gobierno. No podría ser de otra manera, porque ellos las pagan.

Clima de acuerdo para cerrar el viejo default

Con ese clima, el único proyecto que el gobierno puede sacar en el Congreso es el acuerdo con los bonistas defaulteados en 2001/2 y cerrar el último rescoldo de aquel desastre -son por las demandas de los fondos Attestor Master y Bainbridge Fund que el gobierno se comprometió a cerrar en el Congreso en una comunicación a la jueza Loretta Preska-.

En las charlas informales entre los bloques coinciden en diseñar una aprobación con poca espuma. Entienden que es mejor un acuerdo malo que un buen juicio, un camino siempre de resultado incierto y al final carísimo. Estas charlas ocurren bajo un clima de mejor entendimiento entre oficialismo y oposición en el Senado, que es por donde se tramitará el debate electoral.

La prueba es que sin que se anunciase con estridencia, el oficialismo de la cámara comenzó a acordar con los bloques del peronismo en darles una mayor representación a la que hasta ahora le había reconocido. En la comisión de Relaciones Exteriores ingresaron siete peronistas de los bloques de Unión por la Patria (6) y el de los «federales» de Convicción Federal (1) que preside Carolina Moisés.

Patricia le cumple al peronismo

Este reconocimiento fue prometido por Patricia Bullrich a José Mayans y los federales. Es un cambio significativo. Hasta ahora el peronismo se mantenía fuera de las comisiones en donde no se le reconocían los porcentajes demandados.

Eso impedía que pudiera firmar dictámenes. Ahora podrá hacer dictámenes en minoría y eso mejora su performance legislativa. En el oficialismo hay una mirada recelosa hacia las negociaciones de Bullrich con la oposición.

La sospecha de Olivos es que esas promesas se hacen en el borde de la necesidad del oficialismo, pero que no reportan a los objetivos manifiestos del mileísmo en el Congreso. Es fruto de la situación de Patricia dentro del oficialismo, a quien se la presume en ascenso autónomo respecto de la conducción política de los primos Menem, los comisarios de la agenda política.

Responde a una realidad: Milei no se habla ni con Victoria Villarruel ni con Bartolomé Abdala, que le siguen en la línea de sucesión en caso de ausencia o acefalía. Su relación directa con el poder legislativo se remite directamente a Martín Menem.

Sigue en la línea de sucesión a Virrarruel y Abdala, pero es el único que se sienta en las mesas en donde se tramitan las consignas del hombre fuerte del gobierno en materia política, que es «Lule» Menem. Todo lo demás es ficción para entretener a la platea.

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