el «falso pingüino» del Atlántico norte que no podía volar y que fue cazado ferozmente por el humano

Durante miles de años, en las frías aguas y rocosas islas de todo el hemisferio norte, una especie de ave muy parecida a los pingüinos evolucionó como un buceador experto hasta perder su capacidad de vuelo.

El alca gigante (Pinguinus impennis) fue una especie de ave marina del orden Charadriiforme y el más grande conocido de la familia Alcidae.

La intensificación de las exploraciones humanas en los territorios del hemisferio norte inició un proceso de caza masiva que, junto con la extrema inocencia de la especie, desencadenó su trágica extinción a mediados del siglo XIX.

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El alca gigante no era un pingüino: la confusión

A pesar de sus similitudes, el alca gigante y los pingüinos pertenecen a dos familias completamente distintas.

Mientras que los pingüinos pertenecen a la familia Spheniscidae, que es un grupo de aves marinas no voladoras, las alcas gigantes pertenecen a la familia Alcidae y era la única especie de este grupo que había perdido por completo la capacidad de volar.

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A la familia Alcidae la conforman un conjunto de aves marinas especializadas en la captura de presas mediante buceo impulsado por las alas.

Una investigación publicada en el año 2002 en la revista Molecular Biology and Evolution, basada en ADN mitocondrial, encontró que el alca común (Alca torda) es el pariente vivo más cercano del alca gigante.

El parentesco del alca gigante y el pingüino es un caso muy interesante de evolución convergente, que ocurre cuando dos organismos que no están estrechamente emparentados desarrollan características similares de manera independiente.

Esto suele ocurrir debido a que enfrentaron condiciones ambientales o necesidades adaptativas similares.

En este caso, ambas especies necesitaban desarrollar aletas que le permitieran bucear rápidamente bajo el agua para perfeccionar la caza de peces, lo que, junto al parentesco del color, los hizo animales muy similares, dignos de confusión.

El alca gigante dio origen al nombre del pingüino

Otra dato interesante es que los pingüinos actuales le deben su nombre a las alcas gigantes.

Resulta que hasta el siglo XVIII no existía una clasificación taxonómica para las especies.

No fue hasta el año 1758, que el famoso naturalista Carl Linnaeus publicó la decima edición de su obra Systema Naturae, donde sentó las bases de la nomenclatura binomial moderna.

En ese libro, Linnaeus nombró al alca gigante Alca impennis. El término impennis viene del latín y significa sin plumas, y el término Alca fue remplazado por pinguinus, el cual se añadió años después y tiene un origen más complicado.

Se cree que los primeros exploradores comenzaron a llamar al alca gigante pengwyn, una palabra galesa formada por pen, que significa «cabeza», y gwyn, que significa «blanca».

Este término significaba en su conjunto «cabeza blanca«, y habría hecho referencia a las manchas blancas que presentaba la especie delante de sus ojos.

La ausencia de vuelo era una adaptación extrema para el buceo de persecución.

Las alcas gigantes medían entre 75 a 85 centímetros y, aunque eran relativamente grandes para ser aves, su peso no solía superar los cinco kilos.

Tenían un dorso de color negro brillante y su vientre y pecho eran de color blanco.

También tenían una mancha blanca ovalada delante de sus ojos y, aunque la especie se extinguió antes de que pueda ser analizada científicamente, algunas investigaciones afirman que este patrón de manchas servía para facilitar el reconocimiento y la madurez sexual de los individuos.

Los machos y las hembras eran prácticamente del mismo tamaño y se cree que formaban parejas monógamas que duraban la mayor parte de su vida, tal y como ocurre con las alcas modernas.

Según un informe elaborado por BirdLife, las alcas gigantes se encontraban en colonias naturalmente dispersas a lo largo del Atlántico norte, reproduciéndose desde Canadá, Groenlandia, Dinamarca, las islas Feroe, Islandia, Irlanda y hasta en el Reino Unido.

Ponían un único huevo muy grande, de aproximadamente 12 a 14 cm de largo, entre los mayores de cualquier ave marina.

Los huevos, que presentaban distintas manchas de color negro para distinguirse uno de otros, eran puestos en islas rocosas y eran incubados por la pareja de alcas.

Las colonias más importantes documentadas históricamente se encontraban en Funk Island (Terranova), la isla de Eldey (Islandia), St. Kilda (Escocia) y los escollos de Papa Westray (Orcadas).

A lo largo de la evolución, las alcas gigantes perdieron su capacidad de volar a medida que se agrandaba su tamaño corporal para sumergirse a mayor profundidad.

Las alas de la especie se transformaron en pequeñas aletas lo que, junto a su pico largo y robusto, le permitía atrapar a distintas especies de peces como el capelán (Mallotus villosus) y el bacalao joven, así como también algunos moluscos.

La causa de su extinción

Desde tiempos prehistóricos el alca gigante fue cazada por el humano. Una investigación publicada en eLife señala que los Beothuk (un pueblo indígena que vivía en la isla de Terranova) cazaban a las alcas gigantes por su carne y huevos.

Lo mismo se cree que hicieron los Inuit de Groenlandia, los escandinavos, islandeses y los cazadores-recolectores magdalenianos en la Bahía de Vizcaya. También consideran como una posibilidad que los neandertales tuvieron contacto con la especie.

Sin embargo, el estudio afirma que la caza masiva de la especie comenzó en el siglo XVI por parte de los marineros europeos que visitaban los caladeros de pesca (zonas donde se encuentran grandes cantidades de especies marinas) de Terranova.

Los marineros cazaban al alca gigante de a cientos por su carne, piel, huevos, grasa y plumas.

Debido a que no volaban y se concentraban en pequeñas islas, la especie era muy sencilla de cazar. Los exploradores europeos la consideraban como un ave torpe y muy inocente.

El capitán Ingles Richard Whitbourne describió en 1620 en su libro A Discourse and Discovery of New-found-land, with many other particulars la facilidad que tenían los marineros para capturar a la especie.

«Estos pingüinos son tan grandes como los gansos y no vuelan, por lo que los hombres los conducen a sus barcos de cientos en un mismo momento. Como si Dios hubiera creado la inocencia de una criatura tan humilde para que se convirtiera en un instrumento tan admirable para el sustento del hombre», escribió el capitán.

Hacia finales del siglo XVIII, el desarrollo de la caza comercial para el comercio de plumas intensificó los niveles de explotación y las poblaciones de alca gigante fueron desapareciendo.

La caza de huevos también significó un gran problema para la especie ya que sólo ponían un único huevo por temporada, lo que impactaba en el numero de nuevas crías y dificultaba la recuperación de poblaciones.

La desaparición fue tan rápida que para el siglo XIX, ya era poco común ver a la especie en muchos lugares donde apenas unas décadas abundaba de a miles.

Esto despertó el interés de muchos coleccionistas, quienes comenzaron a pagar una fortuna a cazadores por tener el cuerpo o la piel de un alca gigante.

Para el año 1830, la única gran población de alcas gigantes se concentraba en la isla de Geirfuglasker, cerca de Islandia.

Para la mala suerte de la especie, una erupción volcánica destruyó por completo la isla y se vieron obligadas a migrar a la isla Eldey. Cuando se descubrió la colonia en el territorio en 1835, se contabilizaron casi cincuenta aves.

Los museos, que deseaban tener un ejemplar para su conservación y exhibición, comenzaron rápidamente a coleccionar aves de la colonia.

La última pareja de alcas gigantes registrada con certeza fue asesinada en la isla islandesa de Eldey el 3 de julio de 1844.

La pareja se encontraba sola, incubando un único huevo, sin las masas de alcas gigantes que las hubieran rodeado siglos atrás.

Los marineros islandeses Jón Brandsson y Sigurður Ísleifsson las interceptaron. Ambos agarraron del cuello a la pareja y los estrangularon hasta matarlos.

Durante el forcejeo, un tercer acompañante llamado Ketill Ketilsson rompió accidentalmente el ultimo huevo de la especie con su bota.

La brutal extinción del alca gigante no se debió al cambio climático, ni a cambios en su ambiente, ni a cualquier otro factor.

La desaparición fue culpa pura y exclusivamente responsabilidad del ser humano, quien por su afán de conseguir comida y dinero por su cuerpo, llevó a la extinción a una especie única e inofensiva.

La extinción del alca gigante es un recordatorio para todos los humano de que, a pesar de que una especie viva tenga miles de ejemplares y esté fuera de peligro, todo proceso de caza indiscriminada puede llevar a la desaparición de cualquier ser vivo.

Fuente

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