Está apenas resfriada, pide perdón antes de estornudar y, maquillada como ya está para una función de Una Navidad de mierda, de común acuerdo preferimos saludarnos sin tocarnos el rostro. El camarín de Verónica Llinás no tiene lujos de ningún estilo. “Esperá”, dice, y saca una botella de whisky que lleva a sus compañeros para antes de la función, más como cábala que por cultivar una cultura alcohólica.
En el perchero tiene una bata blanca llena de fotos de ella en distintas obras, películas y series. No es que la ganadora del flamante Premio Pinti a la mejor actriz de comedia -la obra que codirige también obtuvo el galardón a la mejor comedia de la temporada- tenga un ego del tamaño del teatro Premier, sino que “me lo regaló una fan” que vio más de cinco veces la obra.
Llinás no para de trabajar. Este año estuvo en la segunda temporada de la serie En el barro, asumiendo un rol más protagónico, filmóVillaflor, donde interpreta a la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo y se narra su relación con el represor Alfredo Astiz, el Angel de la muerte condenado a prisión, y el jueves estrena la película Canelones, interpretando a la mamá de Hernán Casciari.
Pero Llinás, que tiene un humor a prueba de balas y es dueña de una sinceridad que le ha valido más de un dolor de cabeza, estuvo últimamente preocupada por otra cuestión.
-Arranquemos con lo primordial: lo importante es que apareció Cacha, tu perra.
-¿Cuánto tiempo estuviste sin Cacha?
-No, no volvió sola, pobre gorda, es una naba. Estaba cerca, en un campo de unos curas, como camino al Dique Roggero. Pero pude tener acceso a una cámara de una vecina, que se veía justo el momento en el que se iba, se ve que aturdida por los petardos (por la final Argentina vs España), asustada, se fue corriendo. Entonces pudimos ver para qué lado se fue, y ahí fue mi casera, Juanita, porque encima yo teniendo que estar acá… Y justo llegué a La Reja, me llama y me dice “la encontramos”.
-Hasta le pediste con una estampita a San Roque… ¿Vos sos creyente o no?
-Yo cuando estoy desesperada soy creyente de todo.
-¿Qué querés que te diga? -entre risas-. Estaba desesperada. Yo sé que no hay que ser hipócrita, porque uno “dice, no yo no creo…” Pero cuando estás desesperado, creés en todo.
-Tenés cinco perros, un gato. ¿Vos les das de comer o le da Juanita?
-No, no, no, la Juanita. Si no estuviera Juanita yo estaría esclava de…
-¿Hace mucho que vivís allá en La Reja?
-¿Y qué te decidió a mudarte allá?
-Y, el rechazo a la ciudad, viste. Somos, éramos con mi marido personas que nos gusta mucho la naturaleza, la tranquilidad, el silencio. Y bueno, ahí vimos un lugar de mucha tranquilidad, donde podíamos tener nuestros perros, los árboles, la huerta.
-Ah, tenés una huerta. ¿La trabajás vos?
-No, ya no, al principio sí la laburaba. Ya no, ya estoy grande. Es un laburazo. Ahora estoy mucho viviendo acá. Empecé con la película de Mitre, era imposible tener que ir a mi casa y volver. Ya todo el mundo me venía diciendo, vos estás loca, ¿cómo haces dos funciones de teatro y te vas a La Reja, un sábado a la una de la mañana?, que de verdad, ya había días que llegaba soñando a mi casa…
-¿Vos manejás o te llevan y traen?
-Sí, yo manejo. Llegaba soñando ¿eh?, como viendo cosas en el camino (ríe). Es de pedo que no me haya matado. Así que bueno, tomé la decisión de conseguirme un lugar acá, muy sabia decisión.
-No extrañás a los perros.
-Los extraño, pero bueno, voy todas las semanas, en algún momento voy, estoy con ellos. Pero sé que están bien cuidados y eso es lo que más me importa.
-¿Qué es lo que más te sorprendió del éxito de “Una Navidad de mierda”?
-Era una gran pregunta si este mecanismo, este disparate que estábamos contando, iba a ser comprado por la gente. Teníamos la conciencia de que tenía que estar muy rigurosamente hecho, para que la gente pudiera entrar en esa fantasía de ver una persona que no existe, ¿no? Porque sabíamos que el público tenía que poder verla, pero siempre era una incógnita. Nos quedamos tranquilos la primera vez que vinieron Gustavo Yankelevich y Pablo Puiggari, que era bastante al principio: vimos que se empezaron a reír y dijimos, bueno, listo.
-¿Con el público arrancó de entrada muy bien o fue creciendo?
-Fue creciendo, pero de entrada arrancó muy bien, porque viste que la productora RGB hace muy buena promoción, cosas en la radio, notas, pone todo para que el espectáculo arranque lo más arriba posible. Después, obviamente, fue el mérito del espectáculo y el boca a boca empezó a funcionar a lo loco.
-¿Viste una versión de la obra en España, o viste un video? ¿A vos te propusieron actuarla o dirigirla?
-En principio la iba a dirigir Peto (Menahem), pero en un momento Gustavo dijo que quería sumar a alguien más en la dirección y bueno, le preguntó a mi representante a quién podía sumar en la dirección. Gustavo tenía miedo que yo me lo morfara crudo a Peto, entonces quiso poner a alguien también, reforzar.
-Y que los mordiscos fueron para todos lados.
-Claro. Y le preguntó a Javier Furgang, mi representante, “¿quién puede dirigir a Llinás?” “Y, Llinás”. Yo ya había dirigido Antígona en el baño, junto con Laura Paredes, y ahí fue la propuesta de dirigirlo juntos. Y la verdad que fue un golazo, porque con Peto inmediatamente matcheamos, hicimos una adaptación muy grande, nos tomamos tres semanas para adaptarla.
-Porque hay muchas cosas que están más metidas con la idiosincrasia argentina.
-Mucho, mucho chiste argentino, pero también modificamos la estructura. Le sacamos 25 páginas. Porque el teatro español es diferente al nuestro, en el teatro español ellos hablan rápido, fzfzfzfzfz, tiran todos los textos rapidísimo, y nosotros tenemos otro tipo de teatro. Si nosotros hacíamos toda esa obra, a los tiempos nuestros, la obra duraba dos horas y media.
-Y el timing del gag tiene otra cadencia.
-Sí, y tiene otra idiosincrasia el argentino, entonces nos llenamos mucho de chistes argentinos, pero le modificamos la estructura.
–¿Tenés idea de cuántos espectadores vieron la obra?
-¿Y hasta cuándo piensan seguir?
-Hasta que dé. En principio, este año hasta el 23 de noviembre, y después creo que volvemos alrededor del 10 de enero.
-O sea no hacen temporada estival, Mar del Plata.
-¿Qué es lo que más te alegra de “Una Navidad de mierda”?
-Lo bien que la paso cuando la hago. Venir a hacer la obra es una fiesta, verdaderamente. Me llevo bien con mis compañeros, nos divertimos, nos reímos muchísimo acá abajo en los camarines, y nos reímos arriba en el escenario. Cuando en la entrega del Premio Pinti dije que ellos “son cómplices”, es porque de verdad es así. No siempre pasa eso, que sentís que tus compañeros son cómplices. En cuanto algo sale mal, enseguida uno lo cubre. Hago chistes, a veces cambio cosas y los hago reír y ninguno se enoja. Hay algo que está muy vivo, que tiene que ver con el juego, que creo que el público también percibe y por eso le gusta. Incluso cuando nos tentamos, a la gente le gusta ver eso. Y no lo hacemos a propósito, pasa e inmediatamente volvemos, y también les gusta ver eso, que uno puede retomar.
-¿Te pasó hacer una comedia y viste un espectador que se quedó dormido un sábado a la noche?
-La verdad es que eso, por suerte, nunca me pasó. Pude haber estado en obras donde la gente no se reía mucho, pero debo decir que cuando yo aparecía la gente se reía (se ríe). No es falsa modestia, pero es así la realidad. Yo siento que tengo como una energía que no dejo que el público no se ría. No quiere decir que de pronto me salgan mal algunos chistes, o cosas que crea que se van a reír y no se ríen, o por ahí se ríen de cosas que no entiendo por qué.
Acá mis compañeros son fundamentales, porque había cosas que yo hacía y que decía “Ah, esto es una porquería” “¡No, hacelo!” “¡No, no voy a hacer esto! Lo hice en un ensayo para ustedes…” “¡Hacelo!” Y después lo hago y la gente se ríe. “¡Esto no hace gracia!” “¡Sí hace gracia!” Yo soy directora, entonces permanentemente estoy, o inventándoles chistes, pero también ellos…
-Hubo un momento en que de día vos grababas “En el barro”, y de noche hacías la obra de teatro. Y pensaba que en “En el barro” tenés un personaje bastante despreciable, y esto es una cosa totalmente desopilante.
-Me divertía ese switcheo ¿viste? Me gusta eso, es como que me desafía, me divierte. Como una montaña rusa actoral.
-Estás con mucho laburo, hace tiempo ya.
-Bueno, sí, la verdad es que no me puedo quejar. Pero tengo una memoria espantosa.
-Ah, es por eso que hacés comedia, que podés decir cualquier cosa…
-Justamente yo creo que para lo único que me da la memoria es para la letra. Todo lo demás me olvido.
-Y saltaste a hacer de la madre de Hernán Casciari en “Canelones”, que estrena en cines esta semana.
-La conocí a Chichita. Y fue divino volver a laburar con el Gordo, que habíamos hecho Carcajada salvaje y terminamos amigos.
-Estás hablando de Diego Barassi, no de Casciari.
-Sí, perdón. No, a Casciari yo no lo conocía. Lo conocí cuando me llamó para esto. Pero bueno, fue lindo reencontrarme con Darío, y con César Bordón, con quien había trabajado, no sé si en lo de Gasalla, pero con Rada no había hecho nada.
-Y esto de conocer a la mamá de Casciari ¿fue idea de él o tuya?
-Fue mía, me pareció bien conocerla.
-Interpretás un personaje de la vida real.
-Sí, no me propuse que se pareciera demasiado, ni puse el esfuerzo en parecerme a ella. Yo creo que la esencia de ella estaba en el guion de lo que se escribió.
-Pensaba en Azucena Villaflor, a quien encarnás en la próxima película de Santiago Mitre, pero no has hecho muchos personajes de la vida real.
-Ni en teatro, ni en cine, ni en tele.
-No. No, te diría que no. La primera es Chichita.
-Y la segunda es Azucena ¿Cómo vino eso?
-Bueno, bárbaro, fue una experiencia muy fuerte, muy bella. Muy importante para mí hacer eso.
ENTREVISTA A VERÓNICA LLINÁS
Fotos Martín Bonetto – FTP CLARIN BON01367.jpg Z
-¿Por qué es importante?
-Es una historia que, si bien un poco se sabe que Azucena fue fundadora de Madres de Plaza de Mayo, no se sabe bien qué pasó. Y en ese mundo de Azucena, su relación con Astiz es una historia apasionante. Y durísima. Ella prácticamente lo adoptó como un hijo. Entonces, esa traición fue tremenda. A pesar de que el marido, y todo el mundo le decía “ese tipo no, no, no, no”, y ella “sí, sí, sí, sí”, y lo introdujo en las charlas de la organización.
Es una historia que no se conoce tanto, y es parte de la historia de nuestro país. Me parece un hermoso homenaje a alguien que perdió su vida luchando por encontrar a su hijo y que tuvo la cabeza de organizar a todos los que estaban ahí pululando en solitario para tratar de encontrar a sus hijos. Fue un nivel de crueldad lo que se hizo. Iban a todos lados, nadie les decía nada. Presentaron no sé cuántas cartas, iban a los cuarteles. Era un nivel de manoseo horroroso. Era una mina que tuvo la visión de decir “bueno, organicémonos para que esto se visibilice”.
-¿Investigaste bastante sobre ella?
-Sí, leí sobre ella. Una persona muy generosa, muy… muy buena mina. Siempre ayudando, siempre entregándose, digamos.
-¿Vos con Peter Lanzani habías trabajado?
-No, y la verdad que Peter es un actor maravilloso. Lo había visto en Argentina, 1985, y lo poco que lo vi, enseguida me di cuenta el nivel de actor que es, y ahora trabajando con él realmente confirmo que es un actorazo. No solo tiene talento, tiene disciplina, tiene seriedad, tiene compromiso, es generoso con el compañero, es amoroso con todo el mundo, la verdad que fue un placer.
-Y hablando de cine, ¿no tenés ganas de ponerte a dirigir otra película vos, como “La mujer de los perros”?
-Sí, la verdad que sí, pero bueno, no es tan fácil, porque hay que disponer de mucho tiempo. Siempre me vienen proyectos que me entusiasman.
-Como actriz. Y no es fácil filmar acá ahora.
-Y, no es fácil. Bueno, con La mujer de los perros no dependí de nadie, lo hice con el Pampero Cine (la productora en la que, entre otros, está su hermano Mariano Llinás).
-Que no dependen de nadie más que ustedes.
-Y como dicen “estos”, puse “la mía”, jajaja. Para que después me vengan a decir “¿Por qué no hacés las cosas con la tuya?” (cambia de voz, parodiando)
-¿Me podés explicar por qué te tildan, hablando de política, de kirchnerista, cuando vos nunca estuviste aliada a un partido político?
-¿Sabés qué pasa? Que a lo mejor la gente tiene una cabeza… Hay varios factores. Uno es que yo hice videos políticos, gastándolo a Macri y a gente de su gobierno. Eso, en cierta cabeza, un poco simple es “Ah, bueno, si no sos macrista, sos kirchnerista”. O sea, que ni sos policía, sos ladrón. Es una simplificación atroz, pero bueno, lamentablemente la mayor parte de las cabezas funcionan así.
Pero por otro lado, el hecho de criticar cosas, y además también coincidí con un sector progre en la lucha por la ley del aborto, o querer que no se desfinancie el INCAA, digamos, esos son objetivos que de algún modo tiene el progresismo, y que la derecha, por nombrarla de una forma más genérica, rechaza. Entonces, bueno, al yo estar a favor de eso, es kirchnerista.
-Ahora, lo que sí me llama la atención, porque la gente, bueno, no tiene por qué saber, pero cierto sector del periodismo, pudiendo informarse… Porque siendo periodista tenés la obligación de informarte y de ver, de seguir mis redes sociales, de ver si yo alguna vez hice algún tipo de defensa del kirchnerismo.
-Si estuviste en un acto…
-Si alguna vez puse algo. No van a encontrar nada, porque no hay. Y creo que ahí sí hay un grado de mala fe. O sea, creo que les conviene tildarme de kirchnerista, porque con el pretexto del kirchnerismo se anulan los argumentos. Entonces, si vos vas a criticar, “bueno, es kirchnerista”, entonces “no se la escucha porque es kirchnerista”. Ahí hay un grado importante de operación para hacerme ver kirchnerista, para no escuchar lo que digo, para que ellos y todo el mundo desestime cualquier crítica “por kirchnerista”.
-Te escuché hablando del “Medioevo digital”…
-Sí, es lo que estuve pensando últimamente, como en la época de la Inquisición, que quemaban a cualquiera, había un vecino que le molestaba al otro porque se tiraba pedos con olor, iba, lo denunciaba y venían inmediatamente y lo quemaban.
-Cualquiera puede decir cualquier cosa.
-Cualquiera puede decir cualquier cosa, y salen los sabuesos mediáticos. Y digo Medioevo porque esta cosa de la cancelación, ¿cuál es el último objetivo de la cancelación? La muerte.
-O sea, cuando vos cancelás a alguien queda la muerte. Un artista que no mete gente, ¿qué le pasa?
-Si te quedás sin laburo, a la larga llevando a últimas consecuencias el concepto, es de algún modo la muerte. Alguien que no puede conseguir su sustento se muere. Digo, está exagerado el concepto a propósito. La última consecuencia de la cancelación es la destrucción del otro. Y en ese sentido también me linkea con el Medioevo, ¿viste? “¡Quemémoslo!” Ahí está, “me molesta, lo quemamos”. Es como una cosa muy cruel. Y bueno, si un gobierno además incentiva eso, ¡olvidate! Es tremendo. A mí me da mucha tristeza que no podamos debatir sanamente. Que no podamos no coincidir con un debate sano, rico, enriquecedor.
-¿Y creés que las generaciones nuevas pueden llegar cambiar a eso? Porque esto viene de hace muchísimos años.
-Y no sé qué pasa. No entiendo qué pasa. Ciertamente esta nueva administración replica lo que criticó del kirchnerismo. Vos pensá que yo fui una persona no kirchnerista en un ambiente, por lo general, en su mayoría kirchnerista. Entonces tuve situaciones incómodas con mis compañeros.
-Bueno, discusiones o no sé… Sí, discusiones, o que supieran que yo no adhería y entonces hubiera cierta tirantez, pero siempre dentro del respeto. Yo pude discutir con actores, no voy a nombrarlos ahora porque por ahí no quieren, pero además ahora cuando me tildan a mí de kirchnerista ellos se cagan de risa. Claro, de ellos no dicen nada y a mí me dicen kirchnerista.
Y yo no creo que ser kirchnerista sea una vergüenza, ni creo esa cosa de que todo el mundo es kirchnerista por plata. No creo nada de eso. Un montón de amigos míos que fueron kirchneristas, que lo siguen siendo ahora, y yo pienso que lo hacen con verdadera convicción y con honestidad, porque ellos creen en ese proyecto. Puedo no coincidir y respetar al otro.
-Con Las gambas al ajillo ¿se siguen viendo? ¿Se reúnen cada tanto? ¿Se hablan?
-Sí, nos hablamos, tenemos un grupo de Whatsapp. Con la que más me veo es con La negra (Alejandra Flechner), pero sí, sí hay un hermanazgo ahí que no va a desaparecer.
-¿Cuál es el mejor recuerdo que tenés de Las gambas…?
-Y, recuerdo esos largos ensayos, porque éramos muy obsesivas ensayando. Y esa sensación de hogar que teníamos como grupo, que nos sentíamos protegidas entre nosotras. Podíamos pelear, podíamos discutir sobre si esto o lo otro, pero había algo que era como una célula de protección y de mucha seriedad en el trabajo.
Me acuerdo con mucha alegría, en un momento decidimos que cada una de nosotras iba a enseñarle a las demás del grupo algunas de las cosas que supiera hacer. Entonces La Negra nos daba clases de flamenco, María (José Gabin) y La Colorada (Laura Markert), que eran bailarinas daban clases de danza, y yo daba clases de acrobacia.
Ese entrenamiento fue hermoso, lo hacíamos en el Parakultural, cuando recién los chicos alquilaron el teatro.
-Hay cierto parentesco con las Piel de lava, más como grupo teatral, digo…
-También, las chicas tienen una dinámica distinta, nos hicieron un homenaje hermoso en el Museo de Arte Moderno hace unos meses. Captaron la esencia, hicieron un espectáculo con fotos y con cosas, como un número como hacíamos nosotras, pero a su manera, fue realmente muy lindo.
-¿Hay algo que te gustaría hacer? No te digo un sueño que no cumpliste, pero algo que te gustaría haber hecho, o decís “me encantaría poder hacer tal obra”…
-A mí me gusta mucho escribir. Me cuesta mucho escribir porque soy muy desconfiada y muy insegura. La escritura es una actividad solitaria. Escribir teatro, escribir cine es una actividad solitaria, yo en soledad empiezo a escribir, me leo y me digo “no, esto es una porquería” y…
-A lo mejor es la sangre paterna (su padre, Julio Llinás, fue autor de “De eso no se habla”) a lo mejor te ayuda, o no, quizás es peor…
-No quiero que me lo escriba otro, quiero escribirlo yo, y tengo un montón de cosas empezadas que no logro terminar. Y si hay algo que me gustaría es poder terminar algo de lo que empecé.
-¿Y qué escribiste? ¿Novelas? ¿Guiones, una obra de teatro?
-Tengo una obra de teatro, tengo una serie, tengo una posible película. Todo está como embrionario, algunas un poco más adelantadas.
-¿Es género comedia, es drama?
-Lo de teatro no sería comedia, comedia, pero sí siempre estaría el humor; la serie también tendría humor, la película no tanto, pero bueno, no sé si lo voy a conseguir.















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