carisma de rockstar, guiños con Iván de Pineda y la frase que ilusiona

Las oficinas de Mercado Libre mantienen su ritmo habitual en Saavedra. Pero en el sexto piso, la sala de conferencias rompe la rutina: hay un invitado especial. El sol de la mañana se filtra a través del esmerilado de los ventanales y, unos 20 minutos más tarde de lo pautado -con Iván de Pineda ya acomodado en el set-, Franco Colapinto entra y suelta, fiel a su espontaneidad: “Me siento en Pasapalabra”.

En unas horas será el protagonista del gran evento del año en Buenos Aires: manejará un Fórmula 1 con motor V8 -el Lotus E20- por las calles de Palermo. Un show que funciona como carta de presentación de la Argentina ante la Máxima y que vuelve a poner en escena un viejo anhelo: recuperar el Gran Premio que no se corre desde 1998.

«Que la Fórmula 1 haya pedido imágenes del Road Show y que vengan medios de afuera, como Sky -que tiene representación en lugares donde el deporte es masivo-, es algo único. Creo que no fueron a ningún otro. Es muy importante para mí, pero también para el país, demostrar lo que puede generar un evento así. Va a ser importante para el futuro y para que vuelva la Fórmula 1 al país, que es un sueño para todos», afirma el piloto de 22 años que disputa su primera temporada como titular, tras correr las últimas nueve pruebas de 2024 con Williams y pasar a Alpine como reserva en 2025.

«Es como el primer pasito: demostrar lo que genera el deporte en este país, lo que genera en los fans, cuando vean esa pasión que le ponemos a todos. Es difícil explicárselo a los europeos y a la Fórmula 1; la forma más fácil es mostrárselo en la pista o en la avenida, al menos. Ojalá que atraiga mucho mucho más a la Fórmula 1 de volver al país», refuerza en una charla sin manos levantadas y con interlocutores designados de antemano por la organización.

El intercambio sigue un guión preciso, más cercano a una presentación que a una conferencia abierta. Pero incluso dentro de ese marco, cada vez que puede correrse un poco del libreto, Colapinto deja definiciones más profundas: «Para mí correr un Gran Premio de Argentina es una de las cosas principales que más quiero en esta vida«.

Y también su reflexión tras su reciente visita al Autódromo Oscar y Juan Gálvez: “A la nueva pista del autódromo la vi bien. Fui en enero, antes del desmantelado, y volví ahora: parece otro lugar, no hay nada de lo que había. Es una obra muy grande, pero necesaria para que pueda volver la Fórmula 1 al país. Hay mucho trabajo por delante, pero creo que están dando los pasos correctos para proyectar una carrera de acá a 2027 o 2028. Ojalá suceda. Para mí es muy importante demostrar el domingo lo que puede llegar a traer un Gran Premio en Buenos Aires».

«Es un gran paso que la pista esté en buenas condiciones para traer a los 22 pilotos de F1. El trazado se ve bien; primero habrá que verlo con el MotoGP y cómo funcionan las instalaciones. En el mapa se ve todo muy lindo. Me ilusiona mucho. Sé que hubo charlas y eso es muy positivo. Creo que la necesidad y las ganas de la Fórmula 1 de tener de vuelta en el calendario a nuestro país son muy grandes. Hay muchas cosas que, si se alinean, van a salir bien. Obviamente, no es tan fácil: no es solamente una negociación, hay mucha política de por medio que yo no entiendo. Pero si se da, nos haría muy felices a todos”, insiste.

Ahí, lejos del tono distendido del inicio, el mensaje se vuelve más nítido: no se trata sólo de una exhibición en Buenos Aires, sino de una prueba a escala real de lo que la Argentina puede ofrecerle a la Fórmula 1.

Lo que en el sexto piso del edificio se mantiene bajo control, en la calle directamente se desborda. Palermo será otra cosa: sin libreto ni orden posible, con una multitud atravesada por un fenómeno que ni el propio Colapinto termina de explicar.

«¿Francomanía?», se pregunta. «Siento que se generó algo muy distinto a lo que pasa con otros pilotos; no pasa con otro rookie -compara-. Más allá del deporte, no esperaba que se generara algo tan lindo, un fanatismo tan grande. El domingo no sé dónde van a entrar 500 mil personas, es una locura. Tener la chance de que gente a la que le gusta y a la que no le gusta el automovilismo quiera vivir eso, estar cerca, conocerme o escucharme, es algo que va más allá del deporte».

«Y eso es difícil de generar. Si bien amo lo que hago, mi gran objetivo como persona es dejar una huella, que la gente quiera escucharme y disfrute conocerme. Siento que todavía no llego a dimensionar el volumen de lo que genero”, admite.

Entre esa multitud, habrá una presencia especial para el piloto: su abuela. La misma que lo vio irse a los 14 años desde Pilar rumbo a Italia, donde vivió solo en un departamento sobre la fábrica del equipo de karting en el que corría.

“Lo vivo como algo que me potencia, que me da mucha energía, algo que me genera algo muy lindo en el cuerpo. Quería traerles a los argentinos un Fórmula 1 y lo conseguimos. Darle esto a toda la gente que me quiere, que mi familia me pueda ver en un Fórmula 1 tan de cerca, porque no tienen tantas chances de venir a una carrera», arranca emocionado.

«Mi abuela va a venir y eso me pone muy contento: que pueda verme en un Fórmula 1 en mi país, que tenga la chance de verme vestido de piloto, de verme como una persona diferente, que ella nunca había visto y que no iba a tener la chance si no venía con un Fórmula 1 a la Argentina. Son cosas muy lindas las que me pasan», se confiesa.

«Siempre volver es especial, es un momento que me recarga y me hace poner los pies sobre la tierra. Es algo que estoy intentando disfrutar y vivir al máximo”, cierra.

El domingo, cuando el motor V8 rompa el aire de Palermo y Colapinto haga trompos por primera vez sobre el asfalto, la multitud se apretará contra las vallas. Después llegará otro momento: el de subirse a “una joya del automovilismo mundial” -como él mismo la definió-, la réplica de la Flecha de Plata con la que Juan Manuel Fangio fue campeón en 1954 y 1955.

Todo convivirá en un mismo instante: el fenómeno, la expectativa, el mensaje hacia la Fórmula 1 y, en algún lugar del público, la mirada de su abuela.

Ahí, entre el ruido y la velocidad, Franco Colapinto se convertirá en el reflejo de una ilusión colectiva: volver a ver a la Argentina en la Fórmula 1.

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