aprendieron que dejar acercar a otros es la forma más rápida de salir lastimados

Puedes tener la agenda repleta, un trabajo ajetreado y el teléfono lleno de contactos , y aun así no tener a nadie que te conozca de verdad. ¿Cómo es posible que esto le ocurra a un adulto que, aparentemente, está bien?

En un ensayo publicado el 6 de marzo de 2026 en Global English Editing, el escritor Justin Brown describió una cena en Singapur con un amigo muy exitoso que insistía en que no se sentía solo, pero admitía: «Simplemente no dejo que nadie se acerque lo suficiente como para conocerme». El artículo apunta a una idea sencilla con un gran impacto. Para algunas personas, la distancia no es una preferencia, sino una forma de protección.

Una sequía de amistades

Las encuestas sugieren que no tener amigos íntimos no es raro. Un informe de 2021 del Survey Center on American Life reveló que el 12 por ciento de los estadounidenses afirmó no tener amigos íntimos, un aumento con respecto al 3 por ciento de una encuesta de Gallup de 1990, mientras que una encuesta independiente de 2023 del Pew Research Center situó el porcentaje de personas que afirmaban no tener amigos íntimos en el 8 por ciento.

Estas cifras no significan que todos los adultos sin amigos sean infelices. A algunas personas les gusta la soledad, y otras están pasando por una etapa temporal de la vida, como mudarse de ciudad o cuidar de la familia. Aun así, la brecha entre «conocer gente» y » ser conocido » se hace cada vez más

Este cambio también forma parte de un debate más amplio sobre la conexión social y la salud. En junio de 2025, la Organización Mundial de la Salud afirmó que la soledad afecta a aproximadamente 1 de cada 6 personas en todo el mundo y la relacionó con graves problemas de salud, abogando por medidas más urgentes para reconstruir la conexión social.

Autosuficiencia y escudo

Los adultos con un determinado patrón suelen dar una imagen impresionante desde fuera. Pueden ser responsables en el trabajo, mantener la calma en situaciones de crisis y ser buenos gestionando la logística, razón por la cual amigos y compañeros los describen como «fuertes». Pero esa fortaleza puede ocultar una regla que se formó desde pequeños: nunca preguntar, nunca apoyarse, nunca revelar los aspectos difíciles.

Los investigadores Mario Mikulincer y Phillip R. Shaver han descrito las «estrategias de desactivación», un conjunto de movimientos mentales que reducen la necesidad de apego. En términos sencillos, esto puede manifestarse como cambiar de tema cuando surgen sentimientos, minimizar el propio estrés o centrarse en el éxito para no depender de nadie.

En el día a día, esto puede sentirse como responder a un «¿Cómo estás?» con una actualización sobre un proyecto. Puede parecerse a ser la persona que organiza todas las reuniones de grupo pero nunca comparte lo que realmente sucede. Y en los momentos de tranquilidad, puede sentirse como observar tu propia vida a través de un cristal.

Evitar a toda costa

Para comprender por qué algunos adultos mantienen a todos a distancia, los psicólogos suelen partir de la teoría del apego. Inge Bretherton, de la Universidad de Wisconsin-Madison, describió cómo este campo surgió del trabajo de John Bowlby y Mary Ainsworth, quienes estudiaron cómo las relaciones tempranas con los cuidadores influyen en las expectativas de un niño sobre la cercanía.

Una idea clave es el “modelo interno de funcionamiento”, que básicamente es el esquema de relaciones del cerebro. Cuando un niño aprende que puede contar con consuelo, la cercanía le resulta segura. Cuando aprende que al buscar apoyo se le ignora, se burlan de él o se le castiga, la cercanía puede empezar a sentirse como una trampa.

Ahí es donde entra en juego el apego evitativo. No es una etiqueta de personalidad como » introvertido » o «antisocial», y no significa que a alguien le desagraden las personas. Puede ser una estrategia aprendida que dice: «Si no te necesito, no puedes hacerme daño».

Conexiones con la investigación cerebral

La psicología no se limita a historias y encuestas, sino que también abarca lo que sucede dentro del sistema nervioso. En una revisión de 2018, Linda A. Antonucci, Paolo Taurisano, Gabrielle Coppola y Rosalinda Cassibba recopilaron investigaciones que vinculan el apego inseguro con diferencias en las redes cerebrales implicadas en el procesamiento y la regulación de las emociones.

He aquí la forma más sencilla de visualizarlo. Un conjunto de circuitos cerebrales te ayuda a percibir las señales emocionales y a sentir su influencia, como la tristeza en el rostro de un amigo o un silencio incómodo. Otro conjunto te ayuda a gestionar tus emociones, como controlar la ira o detener una espiral de pánico antes de que te domine.

Diversos estudios han relacionado la evitación del apego con la tendencia a reprimir las emociones negativas, y algunas investigaciones sugieren que la represión no siempre reduce la respuesta del cuerpo al estrés. Esto ayuda a explicar por qué la cercanía puede resultar físicamente incómoda para algunas personas, incluso cuando desean conscientemente la conexión.

¿Sirven los consejos?

El consejo habitual para los adultos sin amigos cercanos es «darse a conocer gente». Únete a un club, participa más, habla con desconocidos, envía mensajes primero. Esto puede funcionar cuando el problema radica principalmente en la falta de oportunidades, pero puede resultar contraproducente cuando la cercanía en sí misma genera una respuesta de amenaza.

En un comunicado de 2023, el Cirujano General de los Estados Unidos, Dr. Vivek H. Murthy, advirtió que la soledad y el aislamiento social están relacionados con un mayor riesgo de padecer problemas como enfermedades cardíacas, depresión y muerte prematura. También comparó el impacto de la desconexión social en la mortalidad con el de fumar hasta 15 cigarrillos al día.

¿Qué ayuda entonces a quienes prefieren mantener la distancia como protección? Muchos profesionales clínicos hablan de construir una «seguridad ganada», un proceso gradual de experimentar relaciones seguras donde la vulnerabilidad no se castiga. Puede ser algo tan sencillo como permanecer unos segundos más en una conversación difícil, y a menudo se logra más rápidamente con apoyo profesional.

El estudio principal se ha publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews

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