Todo el mundo futbolístico recuerda que la relación entre Julio Humberto Grondona y Daniel Alberto Passarella no terminó bien. Es memorable la fuerte discusión que hubo en la Asociación del Fútbol Argentino en mayo de 2011, cuando el Kaiser, en su rol de presidente de River, fue a protestar directamente al despacho de Don Julio por el arbitraje del último Superclásico. Pero las discusiones, las asperezas y los cortocircuitos empezaron mucho antes; las diferencias públicas se hicieron evidentes en 1998.
“Mejor no contesto eso, puedo llegar a decir un disparate”, dijo el técnico de la Selección en la conferencia de prensa en Dublín, el 21 de abril de 1998, en la previa de un amistoso con Irlanda. Fueron casi 10 días de tensión, de una dura reunión, y el 1° de mayo, Día del Trabajador, el fútbol argentino disfrutaba, a 40 días del inicio de la Copa del Mundo en Francia, de cierta tranquilidad después de derrotar 1-0 a Brasil en el Maracaná con gol de Claudio Piojo López.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Fue un capítulo más de las diferencias que mostraron Grondona y Passarella en la última etapa del ciclo del ex capitán como entrenador del equipo nacional. Desde Buenos Aires, Don Julio había afirmado que al equipo argentino le estaba faltando un nutricionista por la “mala alimentación de la Selección”. Ante las consultas periodísticas, el Kaiser intentó desviar el tema. “¿En Buenos Aires está calentito?”, le preguntaron. “Acá estamos tranquilos. Lo que pasa es que la gente está preocupada por las inundaciones…”, respondió.
La aclaración se escuchó al instante: “Grondona no habló de inundaciones. Habló de que la Selección necesitaba un nutricionista”. Allí, Passarella cerró la conferencia con aquella respuesta tajante: se levantó y se fue de la sala de reuniones del estadio. Antes de eso, además, había dejado en claro que las convocatorias las hacía él y no Don Julio, quien había sugerido “una suerte de entendimiento entre Cúper (el técnico del Mallorca) y Passarella para que Carlos Roa no vaya a Brasil” para el siguiente amistoso. “Acá decido yo. Si lo creo necesario, lo convocaré. No tiene nada que ver que tenga que jugar una final ni nada de eso: por ahora, está en la lista de espera”.
En Irlanda, Passarella decidió no continuar con una discusión que había empezado una semana antes en Roma. El presidente de la AFA estaba enojado con el entrenador por la evidente mala relación que tenía con Gabriel Batistuta y por su preferencia por Hernán Crespo. Por eso, en varias convocatorias evitó llamarlo.
El 17 de abril, y tras la derrota con Israel por 2-1 en Jerusalén el 15 de abril, Grondona se despachó en una charla en Radio La Red: “Passarella debió formar el equipo con la base de los titulares y, recién después, colocar a los que puedan ser buenos suplentes para el Mundial”. Y luego insistió: “Hubo que salir a la cancha con jugadores que son fija para el Mundial. Es que los que son titulares, pienso… ya están en una lista. Porque la base con 20 nombres ya debe estar”.
Luego habló de la relación entre el Kaiser y el Bati, aseguró que esas “situaciones se irán corrigiendo antes del Mundial” y adelantó que viajaría a Francia con suficiente anticipación para charlar con Passarella y Batistuta en la concentración de Saint-Étienne. “Allí estará todo bien”, afirmó con su clásico tono socarrón.
La respuesta de Passarella fue como en los tiempos en que aplicaba su férrea marca a los rivales, durísima: “Puede venir tranquilo a pasear. A Dublín, a Brasil, a donde vamos a estar. En la Selección no ha tenido que solucionar nunca ningún problema. El día que yo no me sienta capacitado para solucionar un problema interno, me voy de la Selección. No necesito que los dirigentes vengan a solucionar los problemas”.
En Río de Janeiro, en la previa del partido con Brasil, el 29 de abril, hubo un almuerzo en el piso 23 del Caesar’s Park, con una charla informal entre Grondona, Passarella y su cuerpo técnico, y Eduardo Deluca como testigo. Todo para aflojar tensiones. Después, en el Maracaná y ante 100 mil personas, Argentina quebró una racha de 41 años sin ganar ante los brasileños.
“Lo más lindo, más allá del resultado, fue la manera en que jugamos. Pero debemos tener los pies sobre la tierra. Tenemos mucho tiempo para seguir trabajando antes del Mundial”, dijo el Kaiser tras la victoria. Igualmente, ya el 1° de mayo estaba preparada la lista de 15 jugadores del exterior que el técnico convocaría al Mundial, como así también los 6 del fútbol local. Quedaba un lugar para cuatro nombres: Christian Bassedas, Claudio Caniggia, Hernán Díaz y Diego Cagna.
El técnico sabía que, más allá del resultado final en Francia (quedó eliminado en cuartos de final ante Países Bajos), sus días en el seleccionado argentino estaban contados. Por eso, aun en el cargo, empezó a negociar con Mauricio Macri su posible llegada a Boca. En paralelo, Grondona decía en Radio Mitre: “No hay apuro en designar al nuevo técnico. Eventualmente podría ser Pekerman, quien está contratado por la AFA hasta el 2002”. Y remató: “Aunque a muchos les convenga, no nos vamos a pelear con Passarella”.
Pero nunca dirigió al Xeneize; luego volvió al banco de River y finalmente, en 2009, fue electo presidente por una diferencia de seis votos sobre Rodolfo D’Onofrio. Y en 2011 se produjo el episodio con Grondona mientras se desarrollaba una reunión del Comité Ejecutivo. Lo que se sospechaba lo confirmó tiempo después el periodista Marcelo Nasarale, que en ese momento era jefe de prensa de River: “Entró pateando la puerta del tercer piso donde estaban reunidos y se despachó contra Grondona, a quien responsabilizaba del arbitraje que, según él, había perjudicado a River”. Con tranquilidad, Don Julio replicó: “Me hubiera molestado si fuera general, pero es una persona enojada porque perdió”.
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