El origen del Etna podría ser único en el mundo. El mecanismo que lo generó es similar al de los pequeños volcanes submarinos, pero en este caso involucra a un sistema de gran escala cuya actividad comenzó hace unos 500.000 años.
Hoy, con erupciones que se repiten varias veces al año, este volcán se eleva por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El avance clave en la comprensión de su formación surge de un estudio publicado en el Journal of Geophysical Research por la Universidad de Lausana, en el que también participó Anna Rosa Corsaro, investigadora del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (Ingv) de Catania.
El hallazgo arroja nueva luz sobre la inusualmente alta frecuencia de erupciones del Etna y abre el camino hacia una mejor evaluación del riesgo volcánico por parte de los científicos del Ingv.
El Etna es el volcán más activo de Europa y uno de los más monitoreados del mundo. Sin embargo, hasta ahora ningún modelo geológico existente logra explicar por completo cómo se formó.
No encaja en ninguno de los tres grandes mecanismos que explican el origen de los volcanes terrestres. No se ubica en el límite entre dos placas tectónicas, ni es un volcán explosivo generado en una zona de subducción (donde una placa se hunde bajo otra) como el monte Fuji en Japón.
El Etna tampoco se encuentra sobre un «punto caliente» («hotspot»), es decir, una columna ascendente de material muy caliente del manto, como ocurre en el interior de las placas tectónicas (por ejemplo, en las islas Hawái o La Reunión). Aunque está situado cerca de una zona de subducción, su composición química se asemeja a la de los volcanes de tipo «hotspot», pese a que en sus inmediaciones no existe una estructura de este tipo.
Ante este enigma, los investigadores analizaron muestras de lava para reconstruir la evolución química del volcán desde su formación, hace unos 500.000 años, hasta la actualidad. Los resultados muestran que el material expulsado se ha mantenido esencialmente estable a lo largo del tiempo, a pesar de los cambios en el régimen tectónico.
Los datos indican que el Etna se alimenta de pequeñas cantidades de magma ya presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros de profundidad, que son transportados de manera esporádica hacia la superficie por los complejos movimientos tectónicos asociados a la colisión entre las placas africana y euroasiática.
«El volcán siciliano podría pertenecer a una cuarta categoría de volcanes poco conocida: los llamados ‘petit-spot’, descritos por primera vez en 2006 por geólogos japoneses», explicó Sébastien Pilet, profesor de la Facultad de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad de Lausana.
El descubrimiento abre nuevas perspectivas para comprender cómo podrían formarse otros sistemas volcánicos en distintas regiones del planeta.






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