cómo la Reina Victoria influenció la sociedad hasta nuestros días

Cuando la Reina Victoria accedió al trono en 1837, el Reino Unido atravesaba un período de transformación política y social. La monarquía ya no concentraba el mismo poder absoluto de siglos anteriores y comenzaba a vivir con estructuras más modernas, como el fortalecimiento del Parlamento y la consolidación de partidos políticos.

En ese contexto, el rol del monarca empezaba a correrse de la decisión directa hacia la influencia.

Victoria no estaba destinada a reinar. Llegó al poder a los 18 años, sin formación política y tras una serie de muertes en la línea sucesoria que la dejaron como la única heredera posible.

Su infancia, marcada por el aislamiento y el control de su madre, no había sido pensada para gobernar. Sin embargo, al asumir construyó una figura de autoridad y presencia propia.

Durante su reinado, que se extendió por 63 años, no solo se consolidó como jefa de Estado, sino que también se convirtió en figura central de la vida cultural y social. Su entorno, sus decisiones personales y sus hábitos comenzaron a ser observados con atención.

En una época sin redes ni medios masivos como los actuales, su figura funcionó como referencia: lo que hacía se trasladaba al ámbito social. A partir de ahí, muchas prácticas que ya existían, pero no eran populares, comenzaron a difundirse. Por eso, la llaman la «primer influencer».

Las influencias de la Reina Victoria

Las mujeres dejaron de esperar que los hombres tomen la iniciativa para casarse

A diferencia de lo habitual para la época, fue Victoria quién le propuso matrimonio al príncipe Alberto. Se sabe que ellos se amaban profundamente -incluso fue uno de los pocos amores reales y leales de la corona-, pero fue su rol de reina el que la impulsó a hacerlo.

Al ser la figura de mayor jerarquía, le correspondía tomar la iniciativa. En un contexto donde los roles de género estaban estrictamente definidos, este hecho marcó una excepción importante.

Su historia de amor, está respaldado por los diarios de la reina, donde plasmaba su día a día. Una de las entradas que escribió ella decía: «Alberto es realmente encantador, tan apuesto, una figura hermosa: hombros anchos y una cintura fina. Me siento inmensamente feliz», refiriéndose a su belleza y su atracción por él.

Para cuando le propuso matrimonio escribió: «Le dije que creía que debía de ser consciente por que deseaba que viniera aquí (a Inglaterra) y que me haría demasiado feliz si consintiera en lo que yo deseaba, casarse conmigo. Nos abrazamos una y otra vez. Fue tan amable, tan cariñoso. Sentía que fui y soy amada por un ángel como Alberto».

Es llamativo, que en una época donde el amor no era una razón para el matrimonio, ellos sí se amaran.

Alberto le escribió cartas durante sus viajes, una que le escribió después del compromiso decía: «De acuerdo con su deseo y el apremio de hablarle y abrirle mi corazón, le envío estas líneas: no necesito decirte desde que nos vimos, todos mis pensamientos han estado contigo en Winsdor, y que tu imagen me llena el alma. Ni en sueños imaginé que encontraría tanto amor en la tierra..»

La exclusividad del color blanco para la novia en la boda

Antes de su boda en 1840, ya se usaba el color blanco para los vestidos de novia, pero únicamente en las familias de élite. Pues en un escenario más pobre, las mujeres usaban sus mejores ropajes, pero no podían darse el lujo de comprarse un vestido de único uso.

Victoria eligió casarse de blanco, renunciando a su manto real. Sus damas de honor también usaron ese color. Sin embargo, fue tajante con la orden de que nadie más podría usar ese color en su boda.

A Victoria siempre le gustó la moda. Asistía a la ópera y ballet. A partir de esas obras o vestuarios, ella bocetaba sus propios diseños para confeccionarle a sus muñecas.

El vestido que usó en aquel momento se asemeja al estilo de vestidos que se usaban hasta hace un par de años atrás. Con los años, la tradición se adoptó, y se sigue utilizando la exclusividad del blanco únicamente para la novia.

Precursora en uso de la asistencia anestésica en el parto

La Reina Victoria y el príncipe Alberto tuvieron nueve hijos. Victoria odiaba abiertamente el embarazo y el parto, por eso, cuando estaba por nacer el octavo hijo, decidió que ya había sufrido demasiado dolor: pidió que le apliquen cloroformo como anestesia.

Esto fue un gran avance en la medicina, especialmente en la obstetricia. Hasta ese momento, era antinatural que la mujer no sintiera dolor en el parto, incluso muchos médicos se negaron a aplicárselo, pero tuvieron que hacerlo porque lo ordenaba la reina.

En una de las entradas de su diario, la reina describió esta experiencia como «calmante, tranquilizadora y placentera». A partir de ahí, las mujeres empezaron a solicitar cloroformo al dar a luz, ya que estaba avalado por Victoria.

Fue una decisión controversial en la comunidad médica y la sociedad, pero legitimó el uso de anestesia en el parto. A partir de ahí, varias mujeres también empezaron a solicitar anestesia para calmar los dolores y desencadenó en lo que ahora conocemos como la epidural.

La práctica del luto eterno, el color negro para representarlo y las joyas

La mayor tragedia de la reina Victoria llegó en 1861, cuando murió el príncipe Alberto. Se cree que fue por tifoidea, aunque también podría ser por cáncer de estómago.

Después de la muerte de Alberto, la Reina estuvo bajo luto eterno. Victoria vistió de negro el resto de su vida y dejó de lado su actividad pública. Resignificó el color negro, ahora asignado para los entierros.

Pasó las siguiente cuatro décadas vestida de negro. A su vez, popularizó las joyas de luto -hechas con cabello del difunto o, en el caso de los niños, usaban los dientes como perlas-, Victoria llegó a tener ocho.

Se alejó del ojo público, pasaba su mayor parte del tiempo en el castillo de Windsor y le restringió lo máximo que pudo la actividad real a su hijo Berni -a quien culpaba por la muerte de su padre-.

Todos los hijos de la reina murieron antes que ella, aunque llegaron a ser adultos -poco común para la época- y le dieron 31 nietos.

La reina Victoria murió a los 82 años de una apoplejía -o accidente cerebrovascular-. Dentro del féretro, según sus deseos, colocaron varios recuerdos: un mechón de pelo de John Brown (su sirviente personal), un vestido bordado por su hija Alicia, fotos, joyas, un molde de la mano del príncipe Alberto -con la que supuestamente dormía todas las noches-, y llevaba puesto el velo de su boda. Fue enterrada al lado de su amado marido en el mismo mausoleo.

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