Una escapada y un viaje al pasado. Entre pueblos de calles tranquilas y caminos rurales de la provincia de Buenos Aires, subsisten pulperías y almacenes de ramos generales que resguardan tradiciones, historias y muchos sabores locales.
Algunos reciclados y otros no tanto, y en algunos casos, con estanterías que exhiben objetos que agitan la memoria. Son un gran patrimonio cultural y un buen lugar para pedir una picada, unas empanadas y otras especialidades bien de campo.
Aquí cuatro lugares para conocer en una escapada de fin de semana.
1) Boliche de Bessonart (San Antonio de Areco)
En la esquina de Zapiola y Segundo Sombra, el Boliche de Bessonart es parte de la historia de San Antonio de Areco, a 120 km de la Ciudad de Buenos Aires. Un destino fuertemente vinculado a la cultura criolla, las artesanías, las estancias y la tradición de campo.
Esta mítica pulpería está asociada al gaucho que inspiró a Ricardo Güiraldes para escribir Don Segundo Sombra.
Tiene más de dos siglos de historia, conserva techo original y las paredes que son testimonio del pasado.
Locales y turistas llegan para disfrutar de una picada criolla con queso de campo, salame y jamón crudo, o las empanadas. Todo acompañado con Fernet con Pepsi.
2) Pulpería Mira Mar (Bolívar)
Un horizonte de llanura pampeana infinita y caminos rurales. Ubicada en Bolívar (a casi 5 horas en auto de la Ciudad de Buenos Aires), la pulpería Mira Mar es una de las últimas de su estilo que se mantienen en la provincia de Buenos Aires.
Su historia se remonta a fines del siglo XIX de la mano de la familia Urrutia.
El propietario actual, Juan Carlos Urrutia recuerda: “Don Mariano Urrutia, mi bisabuelo, llegó de San Sebastián en 1876. En 1884 compró estas tierras y comenzó a construir la pulpería. Desde entonces, la historia de nuestra familia está unida a este lugar”.
Con el paso del tiempo, el edificio fue almacén de ramos generales, punto de abastecimiento y centro social.
“Además de ser pulpería, es un museo: acá está parte de la historia del pueblo, con pisos y paredes de barro originales y objetos de época”, agrega.
Hay mesas largas que invitan a compartir picadas, empanadas, asados y anécdotas, que la gente charle, se conozca.
Desde hace varios años, además, la pulpería no solo es un buen lugar para comer, sino que también organiza encuentros y jornadas especiales con el espíritu de seguir funcionadon como «lugar de encuentro».
Almacén Museo El Recreo (Chivilcoy)
En una zona de chacras y remate, El Recreo invita a sumergirse en la vida rural bonaerense de fines del siglo XIX, cuando el almacén de ramos generales era centro social y corazón del pueblo.
Fundado en 1882 por el bisabuelo de la familia Cura que recién llegaba de Italia, el edificio se mantiene intacto en este destino bonaerense a 167 km de la Ciudad.
“Funcionó como almacén de ramos generales hasta 1970. Fue muy importante en la vida cultural del pueblo porque era un lugar de reunión y de provisión económica”, explica María Elena Cura, propietaria junto con sus hermanos José Carlos y Mariano.
Parada obligatoria de los que viajaban hacia el oeste de la provincia, acá se comía, dormí, se tocaba la guitarra y, claro, se jugaba al truco.
“Lo que se exhibe es totalmente original, no hay nada envejecido ni inventado. Quien lo visita se lleva una imagen auténtica de lo que fue un almacén de ramos generales desde 1881 hasta los años 60”, dice María Elena sobre este lugar en el que se ven mostradores originales, publicidades de mediados del siglo XIX, ceniceros, botellas, marquillas de cigarrillos, cajas de fósforos, faroles, entre otras cosas.
Pulpería La Tranca (Coronel Suárez)
En el sudoeste bonaerense, Coronel Suárez combina paisaje rural y serrano. Y un espíritu de tradición e identidad campestre que se refleja en la Pulpería La Tranca, en la localidad de Cura Malal.
Nacida y criada en el pueblo, la artista Mercedes Resch, está al frente de la pulpería.
“Novena de diez hijos, crecí en Cura Malal. Mi papá es trabajador rural, básicamente el pueblo está entre estancias y todos tenemos mucha relación con el entorno rural”, dice sobre su historia y si vinculación con La Tranca.
El boliche estaba a la vuelta de su casa cuando era chica y era donde se compraba «con libreta» (el despachante anotaba y luego se saldaba la cuenta).
Tras regresar de estudiar Bellas Artes en la Ciudad de Buenos Aires, «este lugar era una tapera. Lo compré y reconstruí de a poco. Así, en 2010 nació este espacio cultural que integra arte, poesía, danza, música y publicaciones”, detalló.
Los viernes la pulpería se convierte en punto de encuentro donde hay lugar para comer y para disfrutar del arte, la lectura, la música y mucho más.






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