Enseñar arte latinoamericano, moderno y contemporáneo en la Universidad de Buenos Aires supone pensar las humanidades y las artes en contextos de constantes desafíos. Se trata de desafíos materiales en distintos sentidos. Construir una biblioteca especializada en estos temas en los años ochenta fue una aventura tan apasionante como difícil. Las condiciones de ejercicio de la docencia han sido también propias de contextos exigentes. Aunque la universidad en la que enseñé ya no era aquella rigurosamente vigilada de los años de la dictadura, sino una casa de estudios en ebullición, era (y es todavía) una universidad que enfrenta(ba) diversas crisis, con salarios exiguos y notables deficiencias de infraestructura y recursos. (…) .
Desde el retorno a la democracia en 1983, la Carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA transformó su población: redujo el promedio de edad de sus estudiantes y produjo rangos de profesionalización y salidas laborales que no existían en los años sesenta cuando se fundó la carrera o en los años setenta, durante la dictadura. Estudiar Historia del Arte dejó de ser un hobby, principalmente practicado por personas que podían viajar, para convertirse en una carrera de formación profesional, que activamente incorporaa sus graduados a museos, galerías, centros culturales, editoriales y múltiples proyectos independientes.
Cuatro décadas después de esta radical transformación, y a pesar de este reconocimiento y de su impacto, nos encontramos nuevamente en una encrucijada que tiene que hacer frente a distintos escenarios de conflicto. Por una parte, la desfinanciación de las universidades y del sistema de investigación científica, que ya se manifestaba, pero que se ha agudizado en grado tal que se ha vuelto crítica. La falta de presupuesto ha frenado la investigación e impulsa a jóvenes graduados y doctores a buscar opciones en universidades privadas o en el exterior. En ese sentido, continuamente se produce un drenaje de profesionales de excelencia formados en la universidad pública. Se trata de talentos en los que el país ha invertido un capital y que representa una pérdida inmensa. (…)
No es solo el factor económico lo que afecta al sistema de enseñanza de las humanidades. (…) Presentado como “batalla cultural”, y en paralelo con lo que ocurre en otras regiones del planeta, desde diciembre de 2023, se ha desatado en la Argentina un plan minucioso de desprestigio, con gestores e ideólogos que cada día descalifican a las ciencias sociales, a las humanidades, a las artes y a los artistas, al periodismo. Se las banaliza y se las impugna como inútiles, sometiendo sus expresiones al más ramplón de los sentidos. Se literalizan títulos de ponencias, se cuestiona el aporte del Estado en el apoyo a la creación artística o ala investigación.
(…) Las clases que este libro reúne introducen una visión compleja del arte que, tradicionalmente basado en el predominio de artistas varones, considera a las artistas mujeres, tanto en el arte mundial como, con creciente especificidad, en el arte latinoamericano y en el arte argentino. Incorporamos artistas negras y negros, artistas que representan en la actualidad a los pueblos originarios, consideramos trayectorias no normativas, travestis y trans.
En el mapa trazado en estos cursos, aspiramos a intervenir y transformar la Historia del Arte blanca, patriarcal, elitista, desde las muchas historias del arte que existieron, pero que sistemáticamente quedaron fuera del relato ortodoxo. Para eso, analizamos hasta qué punto las historias del arte se escribieron eliminando la participación de las mujeres, su nombre, e incluso atribuyendo sus obras a artistas varones. Un relato con perspectivas múltiples para abordar la(s) historia(s) del arte deja atrás la idea de una evolución natural de los estilos e incursiona en el estudio de las poéticas múltiples que coexistieron. Ante una historia reductiva y lineal, proponemos una historia plural: compleja, plena de opciones y de interpretaciones.
Foto: Maxi Failla
Una obra de arte es, en principio, un enigma. Podemos reconocer con precisión o en detalle lo que representa. Pero excavar en sus formas y en sus sentidos nos lleva a descubrir un mundo. Como en los buenos círculos hermenéuticos, vuelvo aquí a la pregunta planteada al comienzo de este libro sobre el diseño de futuro que las clases aquí reunidas aspiran a proponer, tanto a quienes fueron mis estudiantes como a sus lectores actuales. Sin duda, desean que la vida en relación con el arte les permita un desarrollo profesional en un campo en el que se han multiplicado las posibilidades. Pero junto a esto aspiran a recrear la particular felicidad que produce el encuentro con el conocimiento que portan las imágenes del arte. Los procesos de su interpretación nunca son unilaterales.
Foto: Martín Bonetto
Las imágenes del arte, tanto como las de la gráfica, el fotoperiodismo o las que hoy se generan con el uso de la inteligencia artificial, son objetos de interpretación. En las del arte, la vida interna de una línea y la de un plano de color son campos de observación y de conocimiento. También lo son todos los materiales que provienen de la investigación: la vida del artista, la época en la que se gestó la obra, su devenir a lo largo del tiempo. Y podríamos seguir desagregando infinitos elementos de análisis. La interpretación de una imagen, aun la más banal, aun la de aquellas concebidas con un único propósito, es infinita. Más que estipular una interpretación definitiva o resolver nuestra relación con la obra desde la diferenciación básica, aunque nunca prescindible,entre el “me gusta” o el “no me gusta”, mi deseo es compartir el placer que produce desplegar múltiples elementos, disponerlos sobre un tablero mental y articular entre ellos posiciones y valoraciones que entrarán de distintas maneras en nuestro análisis.
Foto: Ariel Grinberg
Las conjeturas, las hipótesis interpretativas, producen una iluminación. Esta nos captura y nos incita en el momento en el que nuestros materiales adquieren uno o varios sentidos posibles. Podemos tenerlos en nuestra mente sin llegar a tomar una decisión final sobre la interpretación correcta o definitiva. Ese momento intenso en que la obra desata una compleja constelación de sentidos y se revela inscripta en ella es, desde la perspectiva propuesta en estas páginas, el pensamiento crítico. Suscita una forma de abordar la realidad, en nuestro caso el significado de una obra de arte, por fuera del dogma, del cliché, de la simplificación que desestima y que busca una adhesión mecánica. Si tuviese que proponer un camino para las humanidades, este no radicaría en la definición de un área disciplinar. El camino se abriría para discernirlas formas de activar esa experiencia que nos permite situarnos ante el mundo desde múltiples opciones. En el contexto reduccionista y simplificador en que nos hallamos,experimentar la posibilidad demultiplicar nuestras alternativas representa una opción emancipadora.
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