Así como las grandes marcas de lujo aplican el back to basics (regreso a las fuentes) para purificar su identidad, FV resolvió abrazar su legado y formalizar la “nueva” identidad de Franz Viegener en el mercado local. Lo hizo en un evento en el MALBA el 17 de marzo.
Lo que hasta ahora conocíamos como Novum (la grifería de lujo de FV lanzada en 2014) unificó su nombre con el que ya utiliza en los mercados de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
Esta transición no fue solo nominal. “Adoptar el nombre Franz Viegener en nuestro país es, en realidad, volver al origen para impulsarnos aún más lejos”, expresó Diego Viegener, gerente general de FV e integrante del directorio de Grupo FV, en el auditorio del museo.
Así, la empresa apuesta por el diseño de autor para llevar valor agregado al mundo. Si FV es el prêt-à-porter de la grifería, Franz Viegener se posiciona como la división alta costura.
“Cuando hablamos de lujo, no hablamos de ostentación. Nos referimos a un compromiso real con cuidar cada detalle. Desde el diseño, la ingeniería, la elección de materiales, los procesos y hasta la experiencia final de cada uno de los diferentes usuarios”, puntualizó el nieto del fundador.
El plato fuerte de la noche fue la presentación de Wheel, una colección desarrollada en colaboración con el diseñador industrial Cristián Mohaded. En una conversación con Marcela Fibbiani, editora de la revista 90+10, destacó que el proceso creativo nació de buscar una identidad propia, alineada tanto a la marca como a la impronta de su estudio.
“La idea fue generar una pieza que hable de lujo desde un lugar mucho más austero, con líneas simples y superficies planas”, explicó Mohaded. Para él, proyectar grifería implica un trabajo de precisión vinculado a la joyería, donde se trabaja a escala milimétrica.
“Lograr que todo suceda a partir de un plano tan delgado, que el agua y el sistema de apertura pasen por ahí, es el balance justo entre innovación y simplicidad”, agregó.
Wheel explora el vínculo entre la geometría racional y la austeridad, con referencias a la Bauhaus.
Además, incorpora un cartucho de apertura progresiva que permite regular caudal y temperatura con un único movimiento. Gracias a que el mecanismo se instala por debajo de la mesada, se logra una silueta estilizada y limpia donde el diseño de la pieza gana protagonismo.
La expansión del portafolio incluyó también las líneas Groovy y Lollipop Monocomando, donde la expresión táctil definió la experiencia de uso.
En Groovy, la identidad estuvo marcada por una trama de canaletas longitudinales que generó un dinamismo de luces y sombras sobre el metal.
Por su parte, Lollipop apostó por la personalización del volante a través de tres texturas: Knurling (un granulado que remite a la alta relojería), Diamond (un patrón facetado de brillos y tonos satinados) y Vertical Lines (de trazos estilizados para una estética minimalista).
La propuesta se completó con dos acabados: Brushed Honey Bronze (BHB) y Unlacquered Polished Brass (UPB). Este último no tiene recubrimiento protector lo que hace que el metal evolucione mediante el contacto y el entorno. Así, desarrolla una pátina propia con el transcurso del tiempo.









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