“Francisco… el lío es para jóvenes”

Según registra la historia, hubo rachas de paz y progreso entre frecuentes y dañinas interrupciones. En esos períodos, observadores nativos y foráneos se animaron a vaticinar que la nación argentina entraba en épocas de estabilidad y concordia. Pero no sucedió.

Sin ir demasiado lejos, reviendo el reciente recordatorio de la partida física del papa Francisco, acaso solo el diván podría ahondar en la esencia del maremágnum psico sociológico de la ciudadanía presente. Es que no se comprenden las lamentables peleas y afrentas levantadas a diario entre representantes del pueblo y autoridades de gobierno, pronto difundidas hacia la sociedad en mala convivencia. Pronto elegido, en 2013, se lo pretendió desvirtuar, y se cayó en el absurdísimo propio de no ver una esperanza en la designación de un argentino en el trono de Pedro. La escasez de unidad y de valores reinante que Francisco intentó remediar pareció aliviar entonces la amargura interior y el bochorno exterior de una Argentina que no ha podido ser uno de esos Estados constantes y ordenados que existen en el mundo.

Llamativamente, tratamos de pasarla graciosa y cómodamente, entre acusaciones y agresiones recíprocas: paros y huelgas de toda índole que paralizan servicios esenciales, rencor entre partidos políticos aun del mismo palo, desunión y caos, hasta alentarse y/o promoverse golpes republicanos sui géneris aun en este siglo XXI.

Ha sido frecuente atribuir estas mañas a ingredientes externos. Pero, ya tantas y repetidas crisis aluden a un mal sistémico que afecta a toda la comunidad. Estas injustificadas dicotomías internas pesan enormemente en el alma de los argentinos y los hacen caer en el desamor, en la fatalidad, en la discontinuidad de las leyes y del orden decoroso.

Paradójicamente, vemos cómo se viene utilizando aquí -con deleznables fines- toda crisis interna irresuelta. Como hace unos días en la Basílica de Luján, la paz, la unidad y la fraternidad nacional quedan postergadas. Entre tanto hablan los furiosos, la actitud de Francisco, proclive a la vida simple y austera, ha sido vista como un estímulo para los jóvenes y aun para quienes se deslizan en la vejez. Advirtió, tal vez, que hay una reserva de ciudadanos innatamente honrados construyendo cotidianamente el porvenir con constancia y esfuerzo, sin esperar que les caiga generosamente del cielo.

Sería bueno que tomasen anotación ajenos argentinos que sólo vociferan cuando la crisis económica les aprieta el bolsillo. En un país con semejante historia no hay lugar para exageraciones ni ilusiones. Una nación puede mejorar su estructura política y social si la voluntad de su pueblo no anda buscando enemigos por doquier para justificar vanas ideologías.

Entre tanto lío, desconcierto y sobreexcitación, no vino mal recordar una espiritualidad como la de Francisco que disintió en cuanto a despilfarros, individualismos y personalismos, arrogancia e insolencia, vulgaridades y apariencias, enriquecimiento y malversaciones, cifras económicas discursivas y flojedades morales.

Rolando B. Montenegro ro12montenegro@hotmail.com

“El orden en Ciudad debería ser una tarea compartida”

En los últimos tiempos, resulta cada vez más frecuente ver cómo el Gobierno de la Ciudad avanza con clausuras a restaurantes por infracciones menores, muchas veces vinculadas al manejo de residuos. Sin embargo, al mismo tiempo, basta recorrer cualquier barrio para comprobar la acumulación de basura en esquinas y veredas, una problemática evidente que no parece recibir el mismo nivel de control ni respuesta. Quienes trabajamos en el sector gastronómico sabemos el esfuerzo que implica sostener un negocio en el contexto actual. Cumplir con normas, afrontar costos crecientes y, aun así, lidiar con inspecciones y sanciones que, en ocasiones, resultan desproporcionadas frente a faltas menores o errores involuntarios. Mientras tanto, la suciedad en la vía pública continúa siendo un problema cotidiano que afecta a todos los vecinos.

Es difícil no preguntarse por qué la responsabilidad parece recaer exclusivamente sobre los comercios, cuando se trata de una cuestión mucho más amplia. Trabajar debería ser acompañado, no obstaculizado. Y el orden en la Ciudad debería ser una tarea compartida, no una carga selectiva.

Alejandra Gutiérrez cadenas66@yahoo.com.ar

“El caso Adorni, un ejemplo más de lo que elegimos”

El caso Adorni es un ejemplo más de lo que sucede con los políticos que elegimos. Llegan al poder con discursos de decencia y muerden la manzana podrida. Hacen uso y abuso del poder, cobrando por derecha o izquierda… no importa. Quieren vivir mejor porque dicen merecerlo, ya que se desloman trabajando.

Hasta que el pueblo no despierte y a través del voto elija políticos decentes que no les tiemble el pulso para deshacerse de los corruptos, seguiremos así.

Graciela Ríos gracielaguadarios@gmail.com

“La República soñada por todos aún espera”

Este 1 de mayo cumplió 173 años la Constitución Nacional que votaron 13 provincias en la ciudad de Santa Fe. La fundación jurídica del país. Sin embargo muchas veces se olvida. Y la clase política debería preguntarse si la cumple, porque la República soñada por todos aún espera.

En noviembre de 2023, en su discurso después del triunfo, Javier Milei expresó su admiración por Juan Bautista Alberdi y la Constitución de 1853 que serían la guía de su gobierno. Después de 29 meses aún aguardo que lo cumpla. Desterrando para siempre los insultos de su boca. En paz, sin privilegios para sus colaboradores, con respeto a las opiniones de los demás, es especial de la prensa crítica, condición esencial de la democracia. Con un plan económico que además de recortar gastos del Estado, muchos de ellos indispensables (educación, salud, obras públicas), también promueva las inversiones, el trabajo y el desarrollo de una economía en pausa desde hace mucho tiempo.

Necesitamos la ética y el trabajo de toda una dirigencia para afianzar la confianza de la gente, tan maltratada por la corrupción K del pasado. Pero el Gobierno y los dirigentes que no piensan igual siguen en riñas inútiles solo alimentadas por un egoísmo generalizado que anteponen a la función para la que fueron elegidos. Y por ello no advierten que la Constitución y en límite de su paciencia la sociedad, los interpelan.

¿Para cuándo “constituir la unión nacional, afianzar la Justicia, promover el bienestar general? Y también Alberdi que predicaba a una nación que como hoy necesitaba crecer: “El trabajo y la industria es el gran medio de moralización. Ellos conducen por el bienestar y por la riqueza al orden y por el orden a la libertad”.

Matías Aníbal Rossi matiasrossi2014@gmail.com

Fuente