En Uruguay, existe un balneario que, desde el primer momento, formó parte de un proyecto personal con un objetivo claro: tenía que estar profundamente ligado con la Argentina y funcionar como vínculo entre ambos países.
En este contexto, un lujoso hotel que data del siglo XIX y estaba pensado especialmente para el turismo de élite se convirtió en el símbolo que haría posible esta unión cultural.
Francisco Piria, empresario y alquimista aficionado, compró tierras frente a la costa de Maldonado a fines del siglo XIX. Allí, se veían cerros, piedras y un litoral agreste donde Piria ya podía imaginarse las avenidas, una estructura monumental y un balneario inspirado en centros europeo.
Ahí nació Piriápolis, un balneario que fue diseñado desde cero, con su rambla costera, castillos, hoteles y miradores. El empresario entendía al turismo como una experiencia total que iba más allá de las playas, se vinculaba con el paisajismo, los rituales sociales y el paisaje.
A comienzos del siglo XX, Buenos Aires se encontraba en una etapa de expansión económica, cultural y social sin precedentes. Por eso, Francisco Piria entendió antes que nadie que el turismo de élite necesitaba un destino cercano y exclusivo: Piriápolis.
Además, en 1930 se inauguró el Argentino Hotel, un establecimiento de hospedaje de lujo que era un homenaje explícito a los visitantes argentinos que llegaban a las tierras uruguayas.
Este edificio ofrecía comodidades inéditas para la época en la que se abrió: amplios salones, casino, vista panorámica al mar, espacios de encuentro social y una arquitectura que transmitía prestigio. Allí se hospedaron políticos, artistas, empresarios y familias de alto perfil, tanto uruguayos como argentinos.
Antes de que Punta del Este estuviera en auge y fuera uno de los destinos más elegidos de Uruguay, Piriápolis era el epicentro del turismo de lujo. En el Argentino Hotel se llevaban a cabo cenas importantes, encuentros políticos informales y largas estadías durante el verano.
Con el paso del tiempo, Piriápolis y su hotel de lujo fueron perdiendo protagonismo. Sin embargo, siguen de pie, al igual que su esencia y esplendor.






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