¿Quién se levanta a dormir al bebé de noche? El sueño de los niños pequeños altera toda la organización familiar y lleva a límites inesperados el nivel de cansancio. Un reciente estudio exploró cómo se organizan las parejas cuando las luces se apagan.
Según el informe ¿Cómo abordan los padres el cuidado nocturno del bebé? publicado en Frontiers in Sleep, el descanso familiar no depende sólo del carácter del niño, sino de un complejo proceso de negociación constante entre los adultos.
La investigación, que incluyó a 30 parejas con hijos de entre 6 y 24 meses, propone ver cómo los adultos “navegan entre prioridades”, es decir, pone la lupa en el “proceso cíclico y continuo” en el que los padres equilibran el cuidado con sus responsabilidades laborales y, claro, la necesidad de dormir.
El dilema de la madrugada
El cuidado nocturno se convierte, muchas veces, en un desafío de supervivencia. La tensión aparece cuando chocan las demandas del bebé con las necesidades personales. Una madre que participó en el estudio describió: “Esto es modo supervivencia. Solía leer una o dos novelas al mes. Es algo que tuve que abandonar”.
Consultada por Clarín sobre este tema, Melisa Jurozdicki, médica pediatra y coautora de El gran libro del sueño infantil (Diana), señala que, ante el cansancio y la adaptación a un nuevo bebé, es muy común que surjan conflictos. “¡A las 10 de la noche todos nos queremos un poco menos!”, bromea. Y advierte: “Lo más importante es no discutir desde el enojo, sino durante el día -que estamos un poco más frescos- comunicarnos para encontrar la manera de organizarnos lo mejor posible”.
El estudio detalla que las parejas reaccionan a estas tensiones de dos maneras: “mantienen el rumbo” o “cambian de carril”.
¿Qué es, para ellos, “mantener el rumbo”? Seguir con la estrategia, aunque sea agotadora. Es decir, muchos padres racionalizan el cansancio como algo pasajero, que tarde o temprano va a acomodarse, entonces, sostienen esa situación difícil, sin cambios. “La fase de querer llorar una hora o dos antes de dormir no durará para siempre”, mencionó uno de los padres del estudio.
Cuando la situación se vuelve “insostenible”, las parejas buscan alternativas, “cambian de carril”, según el informe citado. ¿Qué significa esto? Hacer cambios sencillos en las rutinas, como modificar tiempos o tomar decisiones más tajantes, como hacer un “entrenamiento de sueño”.
Mamás al rescate
Los datos muestran que las mujeres y las personas gestantes cargan con la mayor parte de este cuidado nocturno. En las parejas heterosexuales cisgénero, se mantiene la desigualdad. Por ejemplo, un padre admitió su falta de involucramiento con una frase que ejemplifica los roles tradicionales: “Sabés que sos inútil porque no podés amamantar”. Cabe preguntarse si amamantar es en todos los casos la única opción posible, sin poner sobre la mesa que si el bebé no tiene hambre existen otras opciones para que los papás puedan calmar y contener a un bebé (acunándolo, cambiando pañales, cantándole, o incluso dándole la mamadera si fuera necesario).
“En muchos casos es la madre la que se despierta más seguido y, en ese caso, una buena opción es que el papá se ocupe las primeras horas de la mañana, así la mamá puede reponerse; en otros casos, se dividen las tareas del hogar para que no recaiga todo sobre la persona más exigida”, dice Melisa, quien recalca que es preciso siempre darle valor al trabajo que implica cuidar a un bebé: “es de dedicación absoluta y cansa muchísimo”.
El mito del “oído masculino”
En esa línea, muchas veces se justifica la falta de implicancia del padre bajo la idea de que los hombres tienen un sueño más profundo que les impide oír el llanto de sus hijos. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Aarhus publicado en 2025 desmiente esta creencia.
La autora de la investigación, la profesora Christine Parsons, comprobó que las diferencias auditivas entre hombres y mujeres son mínimas.
El trabajo se basó en dos estudios. En el primero, realizado con 142 adultos sin hijos, se evaluó la capacidad de despertarse ante distintos sonidos durante la noche. Los resultados mostraron que las mujeres eran apenas un 14% más propensas a despertarse ante ruidos muy suaves, pero esa diferencia desaparecía cuando el volumen era mayor, como ocurre con el llanto de un bebé.
En una segunda etapa, los investigadores analizaron los hábitos nocturnos de 117 parejas primerizas durante una semana. ¿Qué vieron? Que las madres se ocupaban del cuidado nocturno tres veces más que los padres. ¿Por qué? Concluyeron que esto no puede explicarse sólo por diferencias en la sensibilidad auditiva, sino que responde a factores sociales y organizativos dentro de la pareja.
No dormí nada y recién arranca el día…
Tal como lo habrán experimentado la mayoría de las personas con hijos, diversas investigaciones coinciden en que el primer año de vida del bebé suele ser una de las etapas de mayor dificultad para el sueño para madres y padres: el descanso se deteriora especialmente durante los primeros meses y recién comienza a mejorar hacia el final del primer año. Formular estrategias conjuntas (como turnarse en determinados horarios, o dividir tareas dentro de la misma noche) ayudarán a sobrellevar estos momentos.
Sin embargo, Jurozdicki aclara que muchas veces el problema está en no tener expectativas realistas con respecto al sueño del bebé: “Pensamos que a los dos meses ‘todo se acomoda’. Pero la mayoría de las veces esto no es así, y eso genera mucha frustración. Hay que saber que, cuando llega un hijo, se puede tardar entre tres y seis años en tener un sueño más continuo. Sí, ¡un montón de tiempo!”
Qué hay que saber sobre el sueño del bebé
“Un gran error es pensar que el día no tiene nada que ver con la noche”, lanza la médica sobre los procesos y hábitos de sueño. “Ayuda el hecho de tener una rutina ordenada -o lo más ordenada posible-, con siestas adecuadas a la edad, con actividad al aire libre, sin pantallas. Además, hay que tener en cuenta que si un bebé se sobrecansa es más probable que a la noche duerma peor”.
Entre los consejos para mapadres, insiste en que la primera clave es pedir ayuda y no aislarse. “Lo que se puede delegar, que se delegue; si pueden tener ayuda para las cosas de la casa (como la cocina o la limpieza, bienvenida sea, sobre todo los primeros años de los hijos, donde la crianza lleva mucho tiempo y energía); simplificar lo máximo posible, lo que se puede simplificar”.
En cuanto a la pareja, sugiere “no competir por quién hace más, sino trabajar como un equipo. Y adentrarse en esta etapa, ya que el puerperio a nivel hormonal repercute muchísimo en la mujer. Mientras el hombre esté más involucrado en los cambios que se producen esta etapa va a ser mucho más probable que haya trabajo en equipo”.
Por último, la médica pediatra Melisa Jurozdicki (@pediatra.mel) subraya algunos puntos clave respecto al sueño del bebé:
- Moderar las expectativas y saber que, al principio, el bebé duerme “en parches”: muchas siestas durante el día y se despierta muy seguido durante la noche. Luego, esos tirones de sueño empiezan a alargarse y, alrededor de los cuatro a seis meses, se pueden empezar a organizar mejor las siestas. Si son adecuadas durante el día, ayudan a un sueño más reparador durante la noche (aunque sigue siendo habitual que se despierten por la noche).
- Evitar el sobrecansancio, que muchas veces se confunde con cólicos. Un bebé que no descansa bien de día, se desregula más y le cuesta más dormir, ya que hizo mucha presión para mantenerse vigil.
- Cuidar luces y sonidos. Mejor usar luz naranja y tenue.
- Evitar pantallas, salir a la naturaleza y ofrecer experiencias sensoriales, que puede ser desde leer un cuento, jugar con un cucharón o ir de paseo a la verdulería. Menos pantallas y más experiencias reales ayudan a un mejor sueño.
Si tenemos en cuenta el estudio que mencionamos arriba, de Frontiers in Sleep, en definitiva, las parejas que logran descansar mejor no lo hacen necesariamente porque tienen bebés que duermen más, sino que desarrollan acuerdos más flexibles, que se ajustan a medida que cambian las necesidades del niño y el cansancio de los adultos.









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