Por qué pintan de blanco los troncos de los árboles y qué beneficio tiene

En plazas, veredas y campos es habitual encontrarse con árboles que tienen la base del tronco pintada de blanco. A simple vista, puede parecer un detalle estético o incluso una forma de señalización, pero en realidad se trata de una práctica con una función muy concreta en el cuidado vegetal.

Lejos de ser un recurso decorativo, esta técnica forma parte de métodos tradicionales de jardinería y producción agrícola. Su uso se extendió especialmente en árboles frutales, aunque también se aplica en espacios urbanos donde las condiciones ambientales pueden afectar la salud de las plantas.

El proceso consiste en aplicar una mezcla -generalmente a base de cal y agua- sobre la corteza del tronco. Esta capa blanca genera una protección externa que actúa como barrera frente a distintos factores que pueden dañar al árbol con el paso del tiempo.

Según el sitio Guía del Arbolado, no todos los árboles son pintados de blanco. Generalmente, se utiliza en árboles jóvenes o de especies más vulnerables que pueden ser afectados por plagas o cambios bruscos de temperatura. Con el avance del conocimiento sobre el cuidado del arbolado, esta práctica se mantiene vigente porque combina simplicidad con efectividad.

El encalado -nombre técnico de esta práctica- no busca modificar el crecimiento del árbol, sino proteger su estructura más sensible: la corteza. Esa capa externa cumple funciones vitales y, cuando se daña, puede abrir la puerta a enfermedades o debilitamiento general.

En conjunto, pintar los troncos de blanco es una práctica preventiva que apunta a algo esencial: evitar daños antes de que aparezcan. Por eso, más allá de su apariencia llamativa, cumple un rol clave en el mantenimiento de árboles tanto en entornos rurales como urbanos.

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